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Hablar en la cancha

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Ahora que arrancan la mayoría de competiciones, haced la prueba de pasar por al lado de cualquier pabellón donde se esté disputando algún partido y deteneos a escuchar los “sonidos del baloncesto”. ¿Qué oís? 

El balón golpeando el suelo, el runrún del público ante cualquier acción, la ocasional bocina de la mesa de anotadores dando algún aviso, el inconfundible y agudo chirrido de las zapatillas al deslizarse sobre el parqué…pero sobre todo, las voces de los jugadores comunicándose entre ellos. 

En el baloncesto, como deporte de equipo que es, la comunicación es muy importante en todas las direcciones en que se pueda dar: entre entrenador y jugador, entre banquillo y jugadores de campo y sobre todo entre los cinco compañeros que se encuentran en pista. 

Hablar en la cancha posibilita la coordinación y colaboración de los cinco jugadores, hace a todos más partícipes y protagonistas del juego, involucrándolos estén o no cerca del balón y manteniendo también en tensión a la gente que está en el banquillo. ¿Habéis jugado alguna vez contra un equipo cuyos 5 miembros no dejan de hablar y gritar cuando están defendiendo? ¿Qué sentís si os encierran en una situación de 2x1 en un lateral del campo mientras os gritan al oído? Agobio, inseguridad, precipitación, ganas de quitarte la pelota de encima. 

Los equipos que están continuamente hablando y gritando en defensa dan la sensación de que defienden con más gente, que dejan menos espacios, que llegan a más sitios y que defienden mejor, aunque “académicamente” no sea así. 

A mí siempre me han recordado a las escenas de películas bélicas en las que los ejércitos griegos o escoceses que estaban en inferioridad hacían ruido golpeando sus escudos y gritaban para aparentar mayor fuerza y parecer más de los que en realidad eran. 

¿Para qué podemos utilizar nuestra capacidad de comunicarnos en un lado y en otro del campo? Hablando en ataque, cuando disfrutamos de la posesión del balón, podemos pedir un bloqueo a uno de nuestros compañeros para tratar de despegarnos de nuestro defensor, mandar a la gente que haga un corte para liberar espacio o pedir un aclarado para poder jugar un uno contra uno hacia canasta. 

También es muy práctico que, en una situación de rebote defensivo y posibilidad de contraataque, la persona que corra en ventaja hacia el aro contrario grite, para que así el reboteador pueda ubicarlo espacialmente en la cancha, levantar la vista y ejecutar un pase largo lo más rápido y preciso posible. A la hora de hablar en ataque, la figura del base es muy importante. 

Es él o ella quien sube la pelota, decide y marca la jugada y corrige y recoloca a sus compañeros si no se han situado correctamente, ya que su situación en la cancha le permite tener la mejor visión del campo rival y de sus compañeros. 

En ataque también podemos encontrar ejemplos de comunicación no verbal, como cuando marcamos a algún compañero que vamos a “tirar” una puerta atrás con algún gesto determinado. Este tipo de acciones se suelen ver entre gente que lleva mucho tiempo jugando junta y que tiene una gran complicidad, por lo que les basta una mirada o un leve gesto para que uno sepa lo que va a hacer el otro. ¿Y en la parcela defensiva? Aquí si cabe la comunicación cobra todavía mayor importancia. 

En defensa podemos usar el lenguaje para pedir ayudas defensivas, “cantar” los bloqueos que le puedan poner a algún compañero, acordar si tras el bloqueo hay cambio defensivo o sigue cada uno con su par…o únicamente para hacer saber a un compañero que estás cerca suya y disponible y dispuesto para ayudar en caso de que sea necesario. 

Como conclusión, podríamos decir que la comunicación es un aspecto vital para que un equipo pueda sacar el máximo partido a las aptitudes de sus integrantes y sobre la que se puede trabajar prácticamente en cualquier ejercicio que planteéis u os planteen durante vuestros entrenamientos. 

Daniel Iraceburu 

Apasionado de los Deportes Colectivos 

Decathlon Pamplona  

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