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Baloncesto: La importancia de los tiros libres

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El lanzamiento de tiros libres es uno de los aspectos más importantes del baloncesto y muchas veces sólo nos percatamos de su verdadero valor cuando ganamos o perdemos un partido por un escaso margen de puntos.

En un deporte en el que en infinidad de ocasiones los partidos llegan muy apretados al final, son los pequeños detalles los que se encargan de trazar la delgada línea que muchas veces separa la victoria de la derrota.

Si pudiésemos reunir a todos los entrenadores del mundo para que decidieran a cuál de esos “pequeños detalles” le darían mayor importancia, muy probablemente más de la mitad se acabarían decantando por el acierto en los tiros libres. Y es que ya sea vestidos de corto sobre el parqué o sentados en un sofá frente a una pantalla de televisión, son muchas las veces que hemos vivido finales de partido ajustados que se convierten en un ir y venir entre canastas y en los que el acierto o el error lanzando desde los 4,60 metros acaban decidiendo el ganador.

Creo que de las miles de cosas que pueden hacer enfadar a un entrenador, el perder un partido por culpa de los tiros libres estaría sin duda entre las tres finalistas.

El tiro libre es una de las acciones más frecuentes y representativas de este deporte. Salvando las distancias, sería el equivalente al lanzamiento desde el punto de penalti en el fútbol pero cambiando los once metros de distancia a portería por los 4,60 metros de distancia al aro

Y con la “ventaja” de que, al contrario que en el fútbol, no hay nadie que se vaya a interponer entre el jugador y el aro durante el lanzamiento. En fútbol un penalti bien lanzado no siempre es sinónimo de gol; en baloncesto un tiro libre bien ejecutado siempre va a ser garantía de éxito.

Lanzar un tiro libre tiene bastante de “ceremonial”: el lanzador esperando tras la línea de tiros libres a que el árbitro le pase el balón, con la mirada puesta únicamente en el aro, ignorando lo que sucede más allá de su campo de visión, tratando de abstraerse de todo lo que le rodea, respirando profundamente, visualizando en su cabeza el balón atravesando la red; los compañeros y rivales alrededor de la bombilla, unos confiando en que el balón entre y los otros esperando lo contrario, todos tratando de intuir la trayectoria de un posible rechace, amagando entrar, empujando, defendiendo la posición, una especie de juego del gato y el ratón que da forma a una coreografía de lo más peculiar.

¿Por qué los tiros libres son tan importantes en el baloncesto?

Siempre que se produce una falta sobre cualquier acción de tiro de un jugador se penaliza con dos tiros libres, cada uno de los cuales vale un punto si es transformado.

Del mismo modo se castigan las infracciones cometidas a partir de la cuarta falta que comete un equipo como conjunto durante un mismo período, sean o no hechas sobre acción de tiro (hasta esa cuarta falta inclusive, las infracciones únicamente se sancionan con saque de banda, a excepción de las cometidas sobre acción de tiro, que siempre se sancionan con dos tiros libres, independientemente del número de falta de equipo que sea, o de las faltas técnicas o antideportivas)

Teniendo en cuenta que en un partido de baloncesto hay diez personas jugando en un espacio muy reducido, lo natural es que se produzcan muchísimos contactos, unos dentro del reglamento y otros no tanto que terminarán por traducirse en lanzamientos desde la línea de tiros libres.

Cada tiro libre anotado suma un punto. Por lo tanto son ocasiones muy valiosas para poder sumar puntos de manera “relativamente” sencilla, al ser tiros que se realizan sin ningún tipo de oposición y con tiempo para poder pensarlos y ejecutarlos.

La gran diferencia entre el baloncesto y otros deportes de equipo radica en que el jugador sobre el que se comete la infracción es necesariamente el encargado de lanzar los tiros, no pudiendo delegar esa misión en ningún otro compañero, como sí que ocurre con las faltas o penaltis en el fútbol, en que cualquiera de los jugadores que se encuentran en el campo tienen la opción de lanzarlos.

En baloncesto, no existe la figura del especialista en “lanzar” las faltas. La imagen de un único jugador quedándose a ensayar lanzamientos de falta tras un entrenamiento tan característica del fútbol no sería trasladable al deporte de la canasta. 

Aquí, cualquier jugador, independientemente de su puesto, rol, experiencia o mayor o menor protagonismo en el equipo debe entrenar el lanzamiento de tiros libres con la máxima seriedad porque con mayor o menor asiduidad, en momentos más o menos decisivos, se puede ver en la tesitura de recibir una falta y tener que acudir a la línea de tiros libres.

Al igual que otros apartados del juego como la resistencia, la técnica o la explosividad, el tiro libre también se puede y se debe entrenar y lo ideal es hacerlo en situaciones que se asemejen lo máximo posible a las que puedan presentarse en un partido.

Por ello es recomendable, por ejemplo, intercalar los lanzamientos desde la línea de personal entre de ejercicios de alta intensidad, ya que así los afrontaremos en una situación relativamente parecida a la que se nos puede presentar en un partido, en la que, en el momento de lanzar, no estaremos frescos sino fatigados por el esfuerzo que hemos venido realizando previamente. 

Lanzar tiros libres desde el reposo absoluto es bastante irreal y no se suele dar habitualmente en el transcurso de un partido de baloncesto.

Suele ser interesante lanzar series de dos o tres tiros libres con un compañero (uno tira y el otro coge el rebote y pasa) y luego cambiar, penalizando cada fallo con algún pequeño castigo, como correr hasta medio campo, hacer flexiones o abdominales al acabar la serie…así también nos obligamos a tomarnos el tiro libre más en serio porque muchas veces estos ejercicios, al proponerse a continuación de otros muy explosivos que requieren un elevado esfuerzo, no se realizan con la concentración ni seriedad adecuadas y se acaban desaprovechando porque los jugadores acaban lanzando a canasta de cualquier manera mientras hablan o están a otras cosas.

Como con cualquier otro tipo de tiro, el mejor consejo que se puede dar para mejorar en los lanzamientos libres es tirar, repetir e insistir, siempre siguiendo una misma pauta, una misma rutina personal con la que nos sintamos cómodos, que interioricemos y que la hagamos nuestra para que seamos capaces de realizar el tiro mecánicamente, casi “sin pensar”, de la misma forma que bajamos unas escaleras o conducimos un coche, sin casi ser conscientes de lo que hacemos por el hecho de haberlo repetido miles de veces.

Llenar la cabeza de pensamientos positivos, tomarnos nuestro tiempo para realizar el tiro, visualizar la pelota entrando antes de lanzar, apuntar a la parte trasera del aro y dejar los dedos mirando hacia la canasta, como si intentáramos meter la mano dentro del aro desde nuestra posición… son pequeños consejos que se suelen dar para ser más efectivos desde los 4,60 metros.

Os animo a todas y todos a que intentéis mejorar en esta faceta del juego que no depende tanto del talento sino del trabajo y la concentración

A veces uno o dos tiros libres suponen la diferencia entre jugar una final o verla desde la grada; entre la felicidad infinita de colgarse un oro o el desconsuelo pasajero de llevarse una plata… o, a niveles más humildes, la diferencia entre pasar un fin de semana contento o un fin de semana de morros.


Daniel Iraceburu 

Apasionado de Deportes Colectivos 

Decathlon Pamplona

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