¿Empezar de titular o salir desde el banquillo?

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A casi todo el mundo nos gusta comenzar los partidos en pista pero… ¿puede haber alguien que prefiera empezar desde el banquillo? ¿Qué motivos se podrían tener para desear algo así?

El baloncesto es un deporte en el que se permite realizar tantos cambios de jugadores como se desee a lo largo del partido, pudiendo un jugador entrar y salir a pista todas las veces que su entrenador lo considere oportuno. Por la naturaleza del juego, no suelen transcurrir muchos minutos desde el salto inicial hasta que comienzan a producirse las rotaciones en el campo.

Esto hace que el ser titular no tenga la importancia capital que sí tiene por ejemplo en el fútbol, donde jugar de inicio prácticamente garantiza (salvo expulsión, lesión o una actuación especialmente desafortunada) estar de 45 a 70 minutos sobre el terreno de juego.

En el baloncesto profesional estadounidense, casi todos los equipos inician y terminan los partidos con sus cinco mejores jugadores y son bastante “cuadriculados” a la hora de hacer las sustituciones y repartir los minutos de juego. Los mismos jugadores titulares suelen ser sustituidos por los mismos jugadores de banquillo, la mayoría de veces en el mismo orden y a la misma altura de partido. Casi siempre parecen ajustarse a un mismo guion que raras veces se improvisa.

Por contra, el baloncesto europeo, a mi modo de ver, parece más flexible en este aspecto; en muchos equipos no todos los partidos los comienzan los mismos jugadores y los movimientos de la gente de banquillo no parecen estar tan “encorsetados”, aunque siempre depende de equipos y entrenadores.

¿Qué ventajas tiene salir de titular? 

Es una pregunta que no parece entrañar demasiado misterio.

La principal ventaja sería comenzar el partido ya activado a nivel muscular y mental tras el calentamiento. A nivel psicológico, empezar de inicio supone un reconocimiento a nuestro trabajo y un refuerzo en nuestra confianza al ser conscientes de que el entrenador nos ha elegido a nosotros y no a otros para afrontar los compases iniciales del encuentro.

¿Y empezar desde el banquillo? 

Algo que en principio parece negativo… ¿puede ser ventajoso en algún sentido? Seguro que a esta situación podemos sacarle algo de provecho.

Para comenzar, puede servirnos para darnos un pequeño respiro tras el calentamiento, sobre todo si nuestro equipo calienta durante mucho tiempo o con una intensidad muy elevada y nosotros no estamos físicamente muy bien por cualquier motivo o circunstancia.

Empezar desde el banquillo nos da la posibilidad de observar cómo juega el equipo rival y poder usar esa valiosa información en beneficio nuestro cuando nos toque salir a la cancha. Podemos fijarnos en si les gusta jugar rápido o con posesiones largas, si su juego se basa en uno o dos jugadores o si por el contrario todos intervienen, tocan balón y son una amenaza real, cuáles de sus jugadores sufren más en defensa…

También es una gran oportunidad para quedarnos con las jugadas que marcan y ver dónde obtienen las ventajas. Y en un plano más individual, fijarnos en los jugadores que ocupan nuestras mismas posiciones y con los que seguramente en algún momento nos vamos a tener que emparejar para ver cómo pararlos en defensa y cómo “buscarles las cosquillas” en ataque.

El ser suplente concede un tiempo muy valioso para darnos cuenta de cuál va a ser el criterio arbitral durante el partido, sin necesidad de comprobarlo mediante el método del ensayo y error que están obligados a utilizar quienes estén en pista al inicio. 

Podemos poner atención en dónde van a establecer el límite entre defensa agresiva y falta (o a qué altura van a colocar el famoso “listón arbitral”), si tienden a pitar más faltas de brazos o de cuerpo, si son dialogantes o no permiten el acercamiento o intercambio de impresiones con los jugadores… ¡tantos detalles…!

Sin embargo, al no salir de inicio perdemos mucha de la activación muscular y mental adquirida durante el calentamiento, no tenemos recientes las sensaciones de balón, tendemos a bajar el nivel de concentración e inconscientemente nos evadimos un poco de lo que está sucediendo en la pista. Salimos fríos en el sentido más literal de la palabra; ¡cuántos de vosotros habréis jugado en pabellones que entre noviembre y marzo rondan temperaturas cercanas al cero absoluto y en los que, si no salís de inicio justo después de calentar, luego ya es prácticamente imposible llegar a jugar bien por la dificultad para entrar en calor (sobre todo en las manos)!

A título personal, yo prefiero empezar de titular para aprovechar la progresiva activación que se adquiere durante el calentamiento pero muchas veces el haber salido desde el banquillo me ha ayudado a identificar las ventajas que podía llegar a tener al haber podido observar al otro equipo durante un tiempo.

Pienso que lo que la mayoría de jugadores realmente queremos no es tanto empezar el partido en pista sino terminarlo, siendo parte activa del desenlace del mismo.

Daniel Iraceburu 

Apasionado de los Deportes Colectivos 

Decathlon Pamplona

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