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Afrontar una lesión

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Las lesiones, por desgracia, son parte inherente del baloncesto y constituyen la cara más dura y amarga de cualquier deporte.

“Al que anda, le sucede”- suelen decir por estas latitudes, por lo que todos los que practicamos deporte estamos expuestos en mayor o menor grado a que el fantasma de una lesión se nos aparezca en el lugar y el momento más inesperado.

A la cabeza nos pueden venir multitud de imágenes de deportistas de élite que dicen adiós a toda una temporada o se pierden una gran competición de nivel internacional para la que llevaban entrenando mucho tiempo por culpa de una inoportuna y grave lesión. Al dolor físico inicial hay que añadirle el revés psicológico que supone y que hace saltar por los aires la concepción de “invulnerabilidad” que muchas veces tendemos a tener de nosotros mismos.

Nuestra primera reacción al sufrir una lesión suele ser de rabia y frustración; rabia por haber sido nosotros los agraciados en esa cruel lotería y frustración al pensar en lo despacio que va a pasar el tiempo a partir de ahora y en que lo único que está en nuestra mano es ser pacientes y “buenos enfermos”. Nos gustaría poder volver atrás en el tiempo y pedir el cambio un minuto antes o no ir a por ese balón que parecía desahuciado con tal de evitar la lesión.

Esta rabia y frustración inicial deja paso al miedo y a la incertidumbre. “¿Me curaré bien? ¿Notaré molestias después? ¿Qué voy a hacer todo este tiempo sin hacer nada? ¿Me volveré loco? ¿Volveré a ser el mismo que antes de la lesión? ¿Podré ponerme al nivel de mis compañeros?”

lesion baloncesto Debby Wong

Dentro de la “tragedia” que puede suponer una lesión, hay que intentar ser optimista en la desgracia y tratar de encontrar aspectos positivos que se puedan derivar de esta nueva situación y este nuevo status de “injured player”.

Ahora que ya no podemos entrenar ni jugar partidos disponemos de la “bolsa de tiempo” que siempre echábamos en falta cuando estábamos sanos; aprovecha esas tres o cuatro tardes libres semanales que ahora se presentan ante ti para hacer aquello que siempre estabas posponiendo o para lo que decías no tener tiempo: leer ese libro que está cogiendo polvo sobre tu mesilla, quedar con amigos, estudiar más…

Puede parecer increíble pero va en nuestra naturaleza humana el querer aquello que no podemos tener y el valorar las cosas una vez que las hemos perdido, por lo que te darás cuenta de que ahora que no puedes es cuando más ganas vas a tener de coger un balón y dejarte la vida entrenando. 

Valora ahora todo lo que tenías y disfrutabas antes de tu lesión y acuérdate de estos momentos cuando ya estés recuperado y te tiente la pereza o el desánimo para no ir a entrenar o bajar los brazos durante un partido.

Intenta no pensar tanto en baloncesto y considéralo como unas vacaciones mentales en las que renovarte y dar cabida a otras actividades.

Respeta los plazos que te hayan dado y haz caso de las indicaciones de los que más saben para recuperarte por completo y que no te queden secuelas. Si tu madre te decía que no hay nada peor que un catarro mal curado…aplica el cuento a esta situación.

Y, una vez que estés curado y puedas volver a entrenar, hazlo de manera progresiva y sé consciente del tiempo que has estado inactivo. Al igual que en clase o en tu vida laboral, no pretendas hacer en dos semanas el trabajo de dos meses ni ponerte al nivel físico ni de acierto de tus compañeros en unos días. Poco a poco irás ganando en resistencia, velocidad, acierto y sobre todo en confianza e irás recortando la distancia que os separa.

Aunque las lesiones puedan suponer un golpe duro y un freno importante, debemos pensar que siguiendo las indicaciones de los profesionales de la Salud y teniendo una actitud positiva de querer seguir adelante podremos superarlas, volver mentalmente reforzados y seguir disfrutando del deporte que nos llena.


Contenido elaborado junto a apasionados del baloncesto de Decathlon. 

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