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¿Enseñar a tu hijo a defenderse?

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¿Enseñar tu hijo a defenderse?.

Llevo desde los tres años practicando artes marciales y quien dice AA.MM dice todo tipo de deportes de combate, sistemas de defensa personal —policial y militar—  trabajo con armas y un presuntuoso etcétera.
He perdido la cuenta de cuantos tatamis, dojos, rings y kwon he pisado; quizás los innumerables knock out tengan algo que ver.

Durante años he disfrutado de la fortuna de que te llamen maestro. Y, que escarnio, cuando uno ya coleccionaba titulitos, cinturones y creída experiencia, que fue en ese momento, cuando te llaman Sensei, que empiezas a conocer, a ver el todo y no deja a venirte a la mente esa frase de «daría todo lo que sé, por conocer la mitad de lo que ignoro».

Después de esta exposición a modo de aval, paso a comentaros algo muy importante para mí. Más ahora, habiendo sido padre por primera vez, recienteménte.

Andaba yo, hace años, dando clases a zagales, desde cinco a catorce años, que me encontraba con muchos padres que venían a hablar conmigo para ver si podía echarles una mano con sus hijos, que sufrían bullying, que se habían estado informando y que mi práctica era la mejor para ello. A todos les contestaba lo mismo, que claro que les podía ayudar. Luego seguía la pregunta sobre precios y horarios y la de siempre «en cuántos días o semanas estará preparado». Aquí siempre aguaba yo la fiesta con un «en unos años, de él depende».
Pocos padres de los que vinieron pidiendo ese auxilio apuntaron finalmente a sus críos. El resto marchó a buscar en esos centros en los que anunciaban explícitamente que ofrecían clases de defensa personal para niños, orientadas a acabar con el bullying.

Enseñar a alguien a defenderse, a atacar preventivamente, a la acción física ofensiva o a la reducción y contención, a lesionar gravemente a otra persona o incluso más, no es baladí. Es una de las mayores responsabilidades que tiene un maestro.
Todo buen maestro ha dejado de aceptar a algún alumno o lo ha expulsado definitivamente, al conocer turbias intenciones a llevar a cabo con el conocimiento transmitido.

El quid de la cuestión que tan difícil resulta hacer ver a los padres y maestrillos, se divide en dos partes: el problema físico y el problema violento.
El bullying no es un problema físico, sino psicológico ¿por qué reducir la solución a una parte física?.
En el segundo: un buen maestro nunca enseña violencia. Esta no es una acción física, no; es la conjunción de una acción física y un estado mental.
Un maestro en una ocasión me dijo «si alguna vez matas a alguien mordiéndote el labio por la ira, no tenías razón». Quería decir que, llegado el improbable caso, si con mi conocimiento y capacidad hacía daño a alguien, por muy en defensa o por evitar un mal mayor que fuera, esa superioridad habría sido llevada a cabo con esa conjunción, con violencia.

Un buen maestro nunca enseñará defensa personal a un niño, al menos no haciéndole conocer de manera explícita que lo está haciendo. Me explico: no le enseñas una técnica diciéndole «y así es como le puedes romper el brazo a alguien». De hecho, un buen maestro no enseña técnicas sin más, enseña al niño una superioridad marcial respecto a la mayoría. Eso implica que él podrá elegir si defenderse o no ante una amenaza, que evitará hacerlo siempre con todas sus fuerzas y que lo hará sin violencia, con piedad y desde un plano moral mayor al del agresor.

Si solamente enseñas a tu hijo a defenderse, con técnicas y golpeo, seguramente será él el que termine buscando la mínima excusa para ejercer lo aprendido a la mínima oportunidad. Será él el que le haga bullying a otro.

¿Ayudarán las artes marciales a tu hijo contra este problema que tenemos? Sí, pero el triunfo sobre este será cuando a tu hijo abandone el miedo y ante una amenaza y tenga que disimular una leve sonrisa ladeada al saberse muy superior.


Solo el guerrero elige la paz, los demás están condenados a ella.

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