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Durante los entrenos o salidas en verano, es habitual consumir mayor cantidad de líquido, ya sea porque las temperaturas son más elevadas, o porque nuestras salidas se alargan, aprovechando las horas de luz que nos proporciona el verano. 

Debido a esto, la capacidad de nuestros bidones o mochilas debe incrementarse, por lo que los fabricantes nos ofrecen distintas posibilidades para poder aumentar ese soporte vital que es el líquido elemento..

Evidentemente no hay una regla escrita sobre la cantidad de líquido que debemos de llevar, esta decisión es muy personal, ya que depende de los kilómetros que vayamos a recorrer, las horas de práctica, la temperatura… Pero si que os voy a dar un consejo, en estos casos es mejor que lleguemos a casa con agua de sobra, a que nos falte en mitad de la ruta. 

A título personal, os puedo decir que yo suelo llevar mucha agua, tengo verdadero pánico a quedarme sin agua en mitad de una ruta. Como anécdota os puedo comentar que durante una marcha popular me ocurrió este extremo, y lo pasé realmente mal.

También depende del tipo de disciplina que vaya a practicar, por ejemplo, en bici de carretera llevo dos botes de 500 ml, ya que es fácil encontrar un bar o algún punto donde avituallarse de agua. En una prueba de BTT uso solo un bote, ya que se que voy a encontrar avituallamientos durante la marcha, y dependiendo de la distancia a la que esté los puestos de avituallamiento, elijo el tamaño (500, 750 o 1000 ml); sin embargo, si se tiene claro una ruta larga, donde no existan puntos de avituallamiento, evidentemente elijo una mochila de gran capacidad. 

Esta estrategia la seguimos todo el equipo de Embajadores B’TWIN durante el desarrollo de la Madrid-Lisboa, ya que durante los distintos parciales o etapas que conforman la prueba, no encontramos puntos de avituallamiento, solo en cada punto de relevo.

Otro punto a tener en cuenta es la fecha o estación en la que rodamos, ya que no es lo mismo rodar en invierno que en verano. Gran parte del agua que perdemos se invierte en la sudoración. Como en invierno no existen temperaturas tan altas, el cuerpo no necesita refrigerarse tanto como en verano y por tanto sudamos menos, pero ojo, el sudar menos, no quiere decir que bebamos agua al mínimo.

El último punto a destacar es conocer el consumo de agua que tenemos por tiempo o kilómetros, para así poder calcular de una manera bastante exacta el agua que vamos a necesitar. 

Es sencillo, sabiendo el consumo de nuestro coche podemos calcular la cantidad de kilómetros que podemos recorrer con X cantidad de combustible, en el tema de la hidratación, procedemos exactamente de la misma manera.

Así que resumiendo, para saber qué cantidad de líquido hay que transportar, hay que tener claro el tipo de ruta, la temperatura a la que vamos a rodar y la cantidad de agua que ingerimos.

Junto con saber cuánta cantidad de agua transportar debemos de conocer la ruta por la que vamos a circular para saber si tenemos puntos donde podamos rellenar bote o mochila, y saber bien que la ruta no va a exigir más agua de la que llevamos. 

Explorar caminos nuevos cuando estamos cortos de agua es una actitud un tanto irresponsable ya que las consecuencias pueden ser muy graves.

Una vez sabemos cuánto líquido tenemos que llevar, y planificamos nuestra ruta, ya estamos listos para disfrutar de nuestro deporte favorito. Sin más me despido de vosotros, ¡¡¡nos vemos pedaleando!!!

Contenido elaborado junto a apasionados del ciclismo-MTB de Decathlon. 

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