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La experiencia (Baqueira-Beret)

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Era una de tantas veces que visitaba la nieve, pero sólo la segunda vez que practicaba el deporte del esquí. El año pasado visité Sierra Nevada y viví por primera vez la experiencia; algo nuevo, diferente, donde el lugar imponía tanto como la altura y cantidad de gente que había. Tanto la inexperiencia como la inseguridad me hizo catalogar el esquí como un deporte que "no era para mi" a pesar de lo que me gustaba la nieve, pero después de varios meses de darle vueltas decidí este año volver a darle una nueva oportunidad y atreverme a probar de nuevo la sensación.

Tras varias conversaciones con amigos y familiares amantes de este deporte, no nos andamos por las nubes... Decidimos optar por la mejor de las mejores opciones para disfrutar del deporte. Cruzando el país y a 13 horas de camino decidimos visitar los Pirineos Catalanes. Cogimos una casa a escasos minutos y facilidad de acceso a cada una de las estaciones de esquí que hay (estaba claro que ya que íbamos hasta allí no nos permitiríamos dejar sitios sin ver y probar). Así que tras un largo viaje y la primera noche, comenzó la experiencia.

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  1. Menudo primer día. Me resultó raro, pero me levanté con ganas y nervios por comenzar. Iba estrenando mi equipo: pantalones nuevos, guantes nuevos, calcetines, gafas... estaba claro que no podía visitar la nieve sin ir equipada para el esquí teniéndolo tan cerca ¿no? Así que en mi tienda (Decathlon Ceuta) no dude en adquirir todas las "cosillas" necesarias para hacer este viaje lo más fácil posible... Con todo esto nos pusimos a la carga. Fue sorprendente como de un año para otro y tras esa tan extraña primera experiencia conseguí acordarme al menos de lo que era un esquí, en el sentido de al menos ser capaz de realizar los "trucos" básicos para salir del paso. Fue un sabor dulce poder tener buenas sensaciones y sentir que seguían apareciendo ganas de más. Y con eso acabó el primer día, ademas de siete kilos de sueño y agujetas que llevaba.
  2. Segundo día. Catorce kilos de agujetas y (aunque era difícil) aun más nervios que el día anterior, apareciendo ese dolorcito en el estómago de susto. ¿Qué se depondrá hoy? ¿Aparecerán las sensaciones de ayer? Pues bueno, de primeras fuimos a una estación distinta al primer día y para poder empezar a subir las pistas primero había que bajar otras como PAREDES de empinadas. Andrea quería morir, pero no tenia más remedio. Me lancé y bueno, que pasará... En el sufrimiento del momento encontré una sensación de intriga (adrenalina supongo que lo llaman), despertándome aun más curiosidad y apreciando como ese miedo a continuamente todo lo que pasaba iba desapareciendo a viceversa que aparecían las ganas y curiosidad. Pasé de querer sentarme, descansar o comer a querer repetir una y otra vez hasta que mis fuerzas me pidieran carta blanca para ir de cabeza a la cama. Que el entusiasmo y alegría durmieron conmigo ese día.
  3. ¡Guau! Día tres. Aún más nervios. Pero hoy nada me paraba, yo quería conocer más. Mis compis de viajes dominaban la nieve como si de respirar se tratase y yo no quería ni quedarme atrás ni frenarlos a ellos, así que decidí avanzar y cogí un profesor solo para mí. Vaya sitios me llevo, de primeras vio que las habilidades que tenía me hacían aprender rapidísimo. Tan solo una hora y varias pista rojas (difíciles) sacaron de mí todo lo que parecía haber desaparecido. Menuda ilusión y sonrisa aparecieron... ¡Guau! Ahora los aficionados esquiando eran ellos... Tenía que esperarlos al final de pista porque mi motivación no tenía límites. Ellos alucinaban conmigo pero no más que yo conmigo misma. Extraño pero acabe el día aún con más energía que con las que empecé, además de con la barriga bien llena, y con un año de más... Qué alegría cumplir años en la nieve y sobre todo DISFRUTANDO de una nueva experiencia, algo que no parecía pasar nunca.
  4. Cuarto y último día. Menudo sabor agridulce, que ganas de volver a las pistas a disfrutar, no dude ni un segundo en aprovechar el día como si fuera el último (que lo era). Todas las bajadas parecían ser la última, yo lo sentía así, no tenia ganas de que acabara, estaba claro que hasta última hora, yo iba a sudar la camiseta. ¿Menudo cambio no? Noche triste, sin sueño. Que pena que cuando más disfrutas de las cosas se acaben...

En resumen, pasé de contar los días que me quedaban para volver, a contar los días que me quedaban para seguir disfrutando de esto. La confianza y las ganas a cosas nuevas son algo que no todas las personas poseen, esta claro que yo no era (ERA) de esas personas que quisiera probar nuevas aventuras. Pero lo que sí que esta claro, además de que el esquí era un deporte para mí y que iba a repetir mucho este viaje, es que solo tenemos una vida y el miedo solo nos impide disfrutarla. Ojalá a partir de ahora las GANAS sean superiores al MIEDO.

El deporte ha cambiado la vida de millones de personas que seguro encontraron el suyo después de probar muchos otros. Se dice que cada uno ha nacido para algo, pero yo creo que es mejor decir que todos los deportes han nacido para que cada uno de nosotros los probemos, experimentemos y DISFRUTEMOS.

Si quieres conocer todo lo que necesitas para disfrutar del esquí puedes acceder a nuestro catálogo completo.

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Comentarios
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#5 NURIA ALCÁNTARA
Increible Andrea!!! Menuda experiencia : D
#4 ROCIO CARMONA
Que guay! Vaya ganas de volver a esquiar! Enhorabuena por el crecimiento y por el post. Las fotos y el video molan mucho pero sobre todo contagias entusiasmo y amor por el deporte!
#3 Comentario eliminado

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