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La otra cara del fútbol

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El fútbol es un deporte que apasiona, enseña, educa, aporta valores, socializa y hace y fortalece personas, pero también tiene una cara negativa, una parte que hace todo lo contrario: vicia, corrompe, tuerce y malcría a los pequeños futbolistas. 

Estas actitudes y conductas son vistas cada fin de semana en los campos de fútbol y me gustaría analizar cómo puede contribuir el comportamiento de los padres en el desarrollo de los deportistas de fútbol base. Podría hacerse por supuesto un análisis mayor, pero en esta entrada nos centraremos en lo que puede suceder cuando los niños son el objeto o los emisores de conductas disruptivas o reprobables.

El debate sobre la competitividad excesiva, la violencia y el fair play en el deporte infantil es un tema que despierta el interés y la preocupación de la comunidad deportiva. Numerosas investigaciones han tratado de demostrar cómo la práctica deportiva puede llegar a convertirse tanto en una herramienta de acción educativa como en una fuente de ansiedad y frustración. 

Mediante la práctica deportiva se puede favorecer la adquisición de estilos de vida saludables y posibilitar la transmisión de valores así como, potenciar la participación precoz y encomiar el rendimiento, cuyo efecto puede ser negativo para la autonomía y el desarrollo de los jóvenes deportistas, ya que les obliga a sacrificar actividades propias de la infancia y a asumir exigencias que no se corresponden con su nivel madurativo.

Numerosos estudios han conseguido demostrar la importancia del fair play y la deportividad en el proceso de aprendizaje deportivo, han demostrado que la visión positiva o negativa sobre la práctica deportiva está determinada, en gran medida, por el entorno.

fair play Fuente: Natursports y Shutterstock

Los padres son el reflejo y el espejo de sus hijos, además de ser también en su mayoría los primeros agentes socializadores en materia deportiva, son quienes muestran en un primer momento lo que es la práctica deportiva que posteriormente les apasionara y contribuirá en su formación y educación como personas. 

Existen padres que les inculcan a sus hijos la pasión por el deporte que ellos mismos han ido adquiriendo en primera persona, padres que les enseñan valores con un deporte que no han vivido, pero también quienes cuya implicación es mínima y no saben utilizar los valores que aportan la práctica de un deporte, simplemente intentan beneficiarse de la competitividad y el afán de ganar, sin pararse a pensar o apreciar entre otros el valor que tiene aprender a perder.

Todo aquel que haya sido testigo directo de un partido de fútbol puede recordar momentos en los cuales, algún aficionado, padre, tío o familiar de alguno de los niños que participaron en el partido ha sido emisor de algún tipo de exabrupto, insulto o improperio hacia el árbitro, algún componente o aficionado del equipo rival, y lo que puede ser más grave aún, incluso situaciones en las que dichos insultos tienen como objetivo jugadores del equipo del cual se es seguidor.

¿Qué sucede cuando se insulta? Este tipo de conductas reprobables son frecuentes, hasta el punto de que en muchas situaciones como las ocurridas en un partido de fútbol se llegan a ver en muchos casos como normales y habituales, lo contrario parecería incluso no ser natural. Frases del estilo “¡Yo pago una entrada y puedo insultar al árbitro!” son repetidas con asiduidad.

Los insultos podría decirse que son la pretensión de ser miembros respetados dentro de un grupo, conseguido no mediante las reglas y normas vigentes en el contexto de los adultos, sino mediante su violación. 

Este tipo de conductas entran dentro de la categoría de violencia, cuando se realizan o escuchan podemos hablar de violencia verbal, un tipo de violencia que pretende, según la definición de la Real Academia Española de la Lengua,  “ofender o humillar a una persona”. El objetivo podría ser:

  • El establecimiento dentro de un grupo a través del uso de este tipo de conductas. Insultar para caer bien a la gente, por hacer reír a los que te rodean, etc.
  • Hacer uso de la violencia verbal para ganar o quedar por encima, o bien menospreciar u ofender a la persona, de tal modo que el fin resultaría el mismo. 

¿Reporta beneficios? Una conducta de este estilo cuando ocurre en un campo de fútbol con niños que están allí para aprender valores, ser educados en el deporte, socializarse a la vez que se practica deporte no es positivo. Los niños a estas edades, en el deporte base, son esponjas, todo lo que oyen, ven o les cuentan quieren imitarlo

Es fácil ver hoy día cómo los niños se peinan, visten, corren, gesticulan o incluso celebran los goles igual que los ídolos de sus equipos favoritos. Pero muchos aficionados no se paran a pensar que incluso ellos mismos son los ídolos de sus propios hijos, sobrinos, etc.

¿Qué desventajas conlleva? Si estos jugadores ven cómo un aficionado insulta al árbitro o árbitros asistentes, jugadores o componentes del equipo rival o reciben ellos mismos conductas totalmente reprobables al final acabarán imitándolos, a estas edades los niños lo único que hacen es imitar. 

Llega el día que repiten la conducta frente a un hermano pequeño por ejemplo, que vieron hacer a un aficionado, padre o familiar cuando un día fueron a verle a un partido, pero incongruentemente les regañan, castigan o incluso emplean la violencia física contra ellos, ¿por qué si hacen lo mismo que hizo papá durante un partido y la gente se reía?

padres viendo partido futbol

¿Esos son los niños que queremos educar? ¿Esa la actitud que pretendemos promover en los campos de fútbol? Educar a los niños desde sus inicios es primordial si queremos obtener una sociedad acorde a lo que socialmente también nos gustaría. Es tarea de todos los agentes socializadores (padres, entrenadores,..) ofrecer una práctica deportiva con la que se pueda aportar carácter educativo. 

Además, necesario conseguir una mayor y mejor participación de los jóvenes en el deporte, éste debe ser inclusivo y orientado al aprendizaje más que exclusivo y competitivo.

Para luchar frente a esto debemos proporcionar experiencias positivas en la práctica deportiva, para lo cual se deben enfatizar los logros que se relacionan con el dominio de la habilidad, la diversión, el esfuerzo y el interés por la actividad en sí misma, sin concederle un excesivo valor a los resultados de la competición en relación con los demás.

Es imprescindible fortalecer los valores del deporte como:  diversión, logro personal, deportividad, mantenimiento de contrato, justicia, ayuda, tolerancia, perfeccionamiento, obediencia, cohesión de equipo, compromiso, excitación, emoción, salud y forma física, autorrealización, imagen pública, compañerismo, conformidad y triunfo.

Además, también es necesario la creación de ambientes con climas motivacionales apropiados, ésto incrementa en los deportistas la motivación intrínseca, les genera un elevado grado de autoconfianza y mejora su estado de ánimo, lo cual suele ir acompañado de mayor satisfacción y compromiso con la práctica deportiva.

Si los padres aceptan ganar y perder con dignidad y tratan a los demás con respeto, es muy probable que sus hijos hagan lo mismo.

Establecer unos ambientes respetables, donde exista la cordialidad y prime el deporte frente a otro tipo de conductas, además de que se valore el aprendizaje y no el ganar por encima de todo, es el comienzo de un desarrollo adecuado tanto deportivo, como educativo y personal de los futuros jugadores de fútbol.

¡Nos vemos en los campos de fútbol! 


Contenido elaborado junto a apasionados del fútbol de Decathlon. 

Referencias:

  • Brenes Peña, M.E. (2007). Los insultos entre los jóvenes: La agresividad verbal como arma para la creación de una identidad grupal. Interlingüística. Nº 17, pp. 200-210.
  • Carratalà, V. et al. (2011). Percepción del entorno deportivo juvenil por deportistas, padres, entrenadores y gestores. Revista de Psicología del Deporte, vol. 20, núm. 2, pp. 337-352.
  • García-López, L.M. et al. (2012). Cambios en la empatía, la asertividad y las relaciones sociales por la aplicación del modelo de instrucción educación deportiva. Revista de Psicología del Deporte. Vol. 21, núm. 2, pp. 321-330.
  • Gimeno, F. et al. (2007).Deporte y violencia en el fútbol base: un programa de evaluación y de prevención de partidos de riesgo. Revista de Psicología del Deporte. Vol. 16, núm. 1, pp. 103-118.
  • Iturbide Luquin, L.M. et al. (2012). Percepción del fair play en deportistas infantiles y cadetes. Revista de Psicología del Deporte. Vol. 21, núm. 2, pp. 253-259.
  • Núñez, J.L. et al. (2011). Propuesta de un modelo explicativo del bienestar psicológico en el contexto deportivo. Revista de Psicología del Deporte. Vol. 20, núm. 1, pp. 223-242.
  • González Víllora, S. et al. (2011). Conocimiento táctico y toma de decisiones en jóvenes jugadores de fútbol (10 años). Revista de Psicología del Deporte. Vol. 20, núm. 1, pp. 79-97. 
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