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Crea hábitos saludables desde pequeño

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Existen pequeñas rutinas o hábitos saludables que podemos incluir poco a poco en la vida de los más pequeños futbolistas y que generarán en un corto plazo una serie de beneficios que no debemos desaprovechar.

En muchas ocasiones dudamos a la hora de plantear los entrenamientos de los niños. Por un lado está la idea de intentar hacer el entrenamiento lo más fiel y parecido al de un adulto, y por otro lado la idea de limitarnos a trabajar aquellos aspectos que son más importantes durante el desarrollo del deportista.

Según mi experiencia, la mejor opción es hacer un entrenamiento completo pero reducido. Muchas veces me han preguntado: ¿trabajas fuerza con los niños? ¿dedicas tiempo específicamente a la táctica? ¿trabajas flexibilidad en los peques que ya son flexibles por naturaleza? Mi respuesta siempre es la misma: por supuesto.

Desde mi punto de vista es importante trabajar con la filosofía de la educación. Somos educadores de futbolistas, puede que no les enseñemos a leer, ni les demos herramientas para solucionar grandes problemas científicos, pero lo que siempre podemos hacer es crear en ellos hábitos saludables y conseguir que en su día a día inconscientemente estén un poco mejor preparados para un futuro deportivo sea del tipo que sea.


Empecemos a desgranar punto por punto un entrenamiento normal, de forma que se pueda extrapolar cualquiera de las rutinas al entrenamiento de un niño.

La primera parte de cualquier entrenamiento es el calentamiento. En el caso de los adultos se impone por antonomasia una rutina de movilidad articular y estiramientos dinámicos para finalizar con un pequeño juego de posesión de cualquier tipo. 

En el caso de los niños, puede que la primera parte de ese calentamiento no parezca necesaria, y los estiramientos sean incluso completamente innecesarios, de todos modos a mi me gusta recomendar que se hagan. Dependiendo de la edad de los niños debemos limitar la duración y la generalidad, tanto de la rutina de movilidad como de los estiramientos, pero así conseguiremos que poco a poco vayan conociendo los nombres de los músculos, las posturas correctas para trabajarlos, dónde se insertan, etc. 

También es recomendable que sean capaces de memorizar poco a poco esos pequeños hábitos saludables, que sin darse cuenta irán quedando en su memoria para nunca irse. Si conseguimos que el calentamiento sea desde pequeños una parte importante y divertida del entrenamiento, en su edad adulta formará parte de cualquier ejercicio físico que hagan, de forma que si quedan para jugar con sus amigos casi inconscientemente repetirán esas rutinas con todos los beneficios que aportan.

En relación a la segunda parte del calentamiento, los juegos de posesión, son de muchos tipos y muy variados. La mejor opción es que en niños la mayor parte del calentamiento sea dedicada a ellos. No hay ninguna receta mágica y puede que ningún ejercicio de éste tipo sea perfecto, pero el mejor consejo que puede darse al respecto es que los niños tienen que divertirse. 

Mi experiencia personal es que necesitan varias sesiones para sacar el máximo partido de cada juego, para entender las mecánicas y extraer lo que más beneficios les aporta cada uno en un partido real. Por lo tanto, recomiendo que un mismo juego se repita un par de veces a la semana hasta que se interiorice, para luego ir intercalándolo con otros juegos distintos en cada entrenamiento. Siempre es importante escuchar lo que los niños tienen que decir, tendrán sus favoritos y es importante darles prioridad para nunca olvidar que en éstas edades, lo más importante es divertirse.


El núcleo del entrenamiento debe componerse, según la sesión, del entrenamiento de las capacidades físicas básicas (fuerza, velocidad, resistencia, agilidad y flexibilidad) así como de la técnica y la táctica. Recomiendo encarecidamente el trabajo de todas las capacidades, siempre adaptándolas a nuestro deporte y a la personita que las está desarrollando. 

Nunca debemos poner a un niño de nueve años a hacer pesas, pero por qué no realizar juegos basados en autocargas, pulsos, etc. Vuelvo a insistir, lo importante no es que el niño gane músculo, sino que gane cultura deportiva y salud. Pongo el ejemplo de la fuerza porque probablemente es la cualidad en la que somos más reacios a “imitar” la rutina en adultos, pero exactamente igual con el resto de ellas. Los tiempos dedicados a éste tipo de trabajo deben ser mínimos, remarco de nuevo que es un ejercicio educativo, no deportivo, y siempre dependerá de la cualidad y edad. En algunos casos se podrán trabajar de forma mucho más seria.

Cuando se trata de técnica, las edades tempranas son el momento idóneo para dedicarle tiempo. Debemos intentar que los niños se diviertan en éste tipo de trabajo, ya que será la gran base de nuestros entrenamientos y deben disfrutar trabajándola. Pequeños juegos y ejercicios muy variados con ayuda de accesorios de entrenamiento modulables para ir variando los ejercicios, siempre ayudan a un ambiente de risas y diversión.


Por contra, el trabajo de la táctica es lo menos importante en éste punto del desarrollo. Una vez más es importante tener pequeñas pautas en relación a los saques de puerta y de banda, a los corners e incluso al saque de centro, así como pequeños trabajos sobre el sistema de juego utilizado y las posiciones en el campo. Siempre deben desarrollarse en periodos cortos de tiempo y con cuidado de que los niños no pierdan la atención (podemos utilizar una pizarra para que lo entiendan mejor) ni se queden fríos.


Durante toda la sesión de entrenamiento es importante incidir sobre la importancia de beber agua. Por seguridad es recomendable que cada jugador tenga su propio bidón marcado y que estén disponibles durante todo el tiempo. Desde pequeñitos debemos inculcarles la buena costumbre de beber un trago antes de comenzar, y de mantener esa buena costumbre durante toda la práctica. También debemos recordarles la importancia de beber un poco al finalizar, de forma que vayan adquiriendo esos hábitos saludables de hidratarse correctamente.


Al finalizar, puede parecer raro que haga esta apreciación, pero considero muy importante instar a nuestros peques a que se duchen en el vestuario. En primer lugar por generar un impacto positivo en su higiene, e independencia para hacerlo cuanto antes por sí mismos, de tal manera que el zapatillero, las sandalias, o la toalla de ducha, formen parte de su bolsa de deporte. Y en segundo lugar, pero no menos importante, por evitar resfriados. Algunos vivirán lejos del campo y puede que tengan un viaje de media hora o más a casa mojados, sudando y cogiendo frío. Es una forma muy sencilla de evitar posibles resfriados y afrontar con naturalidad ese momento.


Para finalizar, también me gustaría recordar un poco la importancia de las comidas. Uno de los hábitos saludables que pueden fomentar de forma muy simple los entrenadores es la de comer un plátano o una fruta todos juntos al finalizar el entrenamiento. Es el principio del aprovechamiento de algo tan importante como es la ventana metabólica, que además está fomentando la ingesta de frutas en nuestros deportistas. Si en el momento de realizar los estiramientos al finalizar el entrenamiento o partido, todos juntos, incluido el entrenador, lo hacemos será algo tan natural que en un futuro formará parte del entrenamiento sin tener siquiera que pensarlo.


Igual de importante es la alimentación antes de realizar ejercicio. En este caso, como en el anterior, es casi más trabajo con los padres que con los propios niños. Es importante tener una charla con ellos al respecto de que es importante que los niños hayan comido algo ligero antes de entrenar o de jugar. Siempre se les pueden dar unas pequeñas pautas al respecto de comer pasta y un pequeño filete, que es algo que por lo general a todos los niños les gusta. Al final, el niño va a comer lo que le pongan en casa, así como se comerá la fruta si se la ponen en la bolsa de deporte.

Todas estos hábitos saludables no nos harán ganar más partidos, ni convertirán a nuestros jugadores en profesionales, pero lo que sí conseguirán es que crezcan más sanos y que en el futuro nuestros jugadores tengan una educación deportiva que les permita desarrollarse.

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