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Las lesiones más comunes del deporte rey y cómo evitarlas

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Las lesiones más comunes en los deportistas en general suelen ser las lesiones musculares, por eso vamos a centrarnos un poco más en qué y cuáles son y por qué pueden estar causadas. Dentro de todo el gran grupo de lesiones musculares diferenciaremos entre dos grandes grupos:

  • Lesiones no traumáticas: calambres.
  • Lesiones traumáticas: contusión, elongación o estiramiento, sobrecarga, contractura, desgarro o rotura fibrilar, rotura muscular, complicaciones de la cicatriz.

Vamos a tratar cada una por separado, con sus síntomas y causas más comunes:  

  • Calambre: es una contracción involuntaria, pasajera y dolorosa de uno o varios músculos, espontáneamente es reversible por el estiramiento y la compresión. Provoca dolor local, molestias y una incapacidad para relajarlo.
  • Contusión: es un traumatismo directo sobre el cuerpo muscular. En el deportista el músculo suele estar en contracción por lo que es más fácilmente desgarrable. La gravedad viene dada por la fuerza del impacto y por el grado de contracción en el momento del traumatismo. El resultado de la lesión será la producción de un hematoma intra o intermuscular. Provoca un dolor vivo, impotencia funcional inmediata o posterior.
  • Elongación o estiramiento: es la distensión de algunas fibras pequeñas pero manteniéndose su integridad. El deportista siente un dolor muy vivo a nivel muscular, que no llega a impedir la realización del ejercicio. El músculo es sensible a la palpación y está medianamente contraído. Con la movilización activa reaparece el dolor y cesa con el reposo. Suele ser de difícil localización exacta, ya que el dolor es difuso en la masa muscular.
  • Sobrecarga: es la aparición de ligeras molestias en el músculo aunque no impiden la realización del ejercicio. Normalmente el deportista refiere las molestias al acabar la actividad. Suele ser el grado 1 de las roturas musculares. A la palpación el músculo aparece más tenso y duro. No existe dolor a la contracción. El jugador puede estirar el músculo, no existe limitación al estiramiento.
  • Contractura: es la contracción involuntaria, duradera o permanente de uno o varios grupos musculares. Normalmente hablamos de contractura cuando nos encontramos con una molestia muscular desagradable, una disfunción motora y dolor a la palpación. El músculo es sensible a la palpación. Suele aparecer una zona dentro del músculo más dolorosa y a la palpación pueden notarse pequeñas rugosidades.
  • Desgarro o rotura fibrilar: aparece cuando se rompen miofibrillas con lesión anatómica. Equivale al denominado "tirón". Se pasa de la elongación y se rompen fibras o fascículos con hemorragia local más o menos importante. Aparece un dolor como un "latigazo". La impotencia es inmediata pero relativa, permite el apoyo y la marcha. Duele incluso con el descanso, aunque se incrementa con la presión y el movimiento.
  • Rotura muscular: esta rotura puede ser total o parcial. Es una lesión superior a la rotura fibrilar. Aparece un dolor brutal e intenso. Las fibras rotas son numerosas y aparece un hematoma importante.

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Una vez que sabemos qué y cuáles son las lesiones musculares más comunes, vamos a ver cuáles son los principales motivos por los que están causadas:

  • Tecnológicas: debidas al uso de un material inadecuado, a movimientos defectuosos, a mala técnica, etc.
  • Fallo electrolítico: exceso de sudoración o diuresis (excesiva pérdida de líquidos), lo que comporta una excesiva pérdida de iones (sodio, potasio, magnesio...) y de agua.
  • Temperatura: el frío en invierno puede provocar que no haya un buen aporte sanguíneo al músculo debido a la vasoconstricción. El calor, por otro lado, puede provocar un exceso de sudoración y un fallo electrolítico.
  • Cambio de superficie de entrenamiento o juego: en este tipo de variación son las inserciones musculares las más afectadas. La amortiguación no es la misma en cemento, en parquet, en arena o en césped y la fuerza que el cuerpo tiene que hacer para adaptarse a estos cambios no es la misma. Si estos cambios ocurren de manera muy continuada los músculos se ven afectados por sobrecargas.
  • Desequilibrio muscular: este es uno de los motivos más frecuentes de las lesiones musculares. Cuando se realiza un movimiento, existe un músculo que es el que realiza la función principal, otros sinérgicos y otro antagonista. Para que un músculo pueda contraerse es necesario que otro se relaje y deje de hacer el movimiento con normalidad. Si el músculo que realiza el movimiento es demasiado fuerte en relación a su antagonista, éste puede que no soporte esa tracción y sufra una ruptura en algún momento del movimiento.
  • Incoordinación muscular: sería ese tipo de fallo que ocurre al querer darle al balón con fuerza y fallar en el golpeo.
  • Frenadas o cambios de ritmo muy bruscos: cuando esto ocurre, se produce un aumento de la presión intramuscular. Puede ocurrir que el músculo en algún momento no soporte esta presión y se rompa.
  • Otros: falta de descanso y recuperación, mala alimentación, infecciones…

Hablando ya específicamente de fútbol y según la FIFA, las lesiones propias de este deporte se agrupan en cuatro grandes grupos:

  • Lesiones en los tobillos: grupo que abarca la lesión, con diferencia, más típica del fútbol; el esguince de tobillo.
  • Lesiones en las rodillas: este grupo abarca una de las lesiones más graves que se suele sufrir en el fútbol: el desgarro del ligamento anterior cruzado de la rodilla. Sin embargo, también otras partes de la zona pueden resultar afectadas.
  • Lesiones en los isquiotibiales: los isquiotibiales son unos músculos situados en la parte posterior del muslo, su lesión es típica de las arrancadas y cambios de velocidad.
  • Lesiones en la cabeza: la complicación más grande de este tipo de lesiones sería la presencia de una conmoción, es necesario descartarla al sufrir una de estas lesiones.

Ahora que ya hemos explicado los diferentes tipos de lesiones y las lesiones más comunes que podemos sufrir los futbolistas, ¿qué podemos hacer para prevenirlas?

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Para jugar mejor al fútbol, evitar las lesiones es tan importante como entrenarse. Para ello es fundamental conocer los cuatro puntos básicos e indispensables que podemos seguir para no lesionarnos.

  1.  Esperar siempre que la recuperación sea completa: una lesión mal curada supone un riesgo importante. Volver al terreno de juego demasiado pronto puede provocar que el cuerpo no aguante el estrés y eso pueda provocar una típica recaída.
  2.  Utilizar el equipo de protección adecuado: las espinilleras sirven como protección de la parte inferior de las piernas, ya sea de contusiones o fracturas óseas durante los entrenamientos y partidos. Es importante que la talla sea la correcta para que puedan cubrir por completo toda la superficie. Debemos tener también en cuenta que:
  3.  Juego limpio. Respetar las reglas del juego: las reglas del juego están para proteger las salud de los futbolistas, ya que prohíben las acciones peligrosas susceptibles de causar lesiones graves. El no respeto de estas reglas puede suponer causar una lesión muy grave a un contrario e incluso a ti mismo en la acción, así como una rigurosa sanción impuesta por los árbitros.
  1.  Efectuar ejercicios de protección con regularidad: El cuerpo tiene sus propios mecanismos de defensa ante las lesiones, estos mecanismos pueden ejercitarse para que el jugador sea más “resistente” a ellas. Un buen modo de hacerlo es con los ejercicios de propiocepción.

Y hasta aquí mi pequeña aportación al mundo tan temido de las lesiones. Si tenéis alguna experiencia o alguna aportación no dudéis en escribir, ¡aprenderemos todos!


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