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Natación para niños, ¿ocio u obligación?

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A lo largo de mi experiencia como monitora de natación he podido ver muchas y muy diferentes situaciones con niños que van a clases de natación. Se trata de un tema que en esta época trae de cabeza a muchos padres que dudan si deben tratarlo como ocio u obligación. 

Espero que, a pesar de no ser una especialista en psicología y basarme simplemente en mi experiencia, mis consejos les sirvan de ayuda para afrontarlo de la mejor manera posible.

Con cualquier actividad puede ocurrir que el niño diga que no quiere ir, por miedo a lo desconocido, a pesar de no haberlo probado. Es necesario explicar a los niños que comprobarán si le gusta o no una actividad una vez que hayan ido varios días, tiempo suficiente para coger soltura y no sentirse torpe y además conocer a los demás compañeros.

En el caso de la natación la situación se agrava ya que se practica en un medio diferente, el agua, lo que les provoca más miedo. El debate con tu hijo te provoca muchas más dudas sobre cómo actuar porque además eres consciente de que saber nadar es algo que le puede salvar la vida en determinadas circunstancias.

Quizá suene radical pero realmente es importante. Piensa en cuánta gente de tu alrededor sabría qué hacer o podría actuar en el caso de ver una persona ahogándose. Intentamos educar a los más pequeños haciéndoles responsables e independientes, para que tengan seguridad en todos los ámbitos. Algo que sin duda otorga saber nadar.

Puede ocurrir que acepte ir a las clases, aún así tendrá días malos (sobre todo los primeros), en los que no quiera ir, no quiera nadar, llore, etc. Para ello en los cursillos hay monitores especializados que tratarán cada caso de la mejor manera. 

Incluso si un niño no quiere nadar, puede quedarse viendo cómo lo hacen sus compañeros. Así no pasará un mal rato que lo condicione para no acudir a la clase los próximos días y hasta puede que acabe metiéndose en la dinámica al ver a los demás niños disfrutar y aprender.