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Entrenar lento para correr rápido

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Los entrenamientos a bajas intensidades, o lo que es lo mismo, correr lento, parecen no tener demasiada aceptación entre los runners. Entiendo que nos encontramos en una sociedad bastante competitiva en la que todos queremos mejorar nuestras marcas. 

Pero correr rápido día tras día puede alejarnos de nuestros objetivos. Por el contrario, entrenar a ritmos lentos puede ayudarnos a conseguir ser más rápidos. Sé que puede sonar un poco contradictorio, así que ahora veremos el por qué.

Cuando salgo a entrenar me encuentro con runners que van jadeando y con cara de sufrimiento día sí, día también debido a que siempre entrenan al límite de sus posibilidades, como si de una competición se tratase. ¿Qué consecuencias tiene esto para su rendimiento? No dejan que su cuerpo se recupere de la fatiga y por lo tanto, no asimilan el entrenamiento. 

A largo plazo esto puede generar un sobre-entrenamiento que les impedirá rendir al 100% en sus carreras, y lo que es peor, conlleva un gran riesgo de lesiones.

¿Cómo puede ayudarnos el entrenar lento a correr rápido en las carreras? El entrenamiento de baja intensidad nos ayuda a construir nuestra base aeróbica, mejora nuestra resistencia y nuestra capacidad de quemar grasas. Además, permite que nuestra musculatura se adapte al ejercicio que estamos realizando. En definitiva, es fundamental para mejorar en cualquier distancia. 

Es un entrenamiento en el que podemos ir hablando sin ahogarnos. No importa si al principio parece que vas muy despacio, ya verás que poco a poco serás capaz de ir más rápido sin que tus pulsaciones aumenten.

Ahora bien, necesitamos también entrenar a intensidades altas que impliquen nuestra potencia anaeróbica, ya  que nos ayuda a mejorar nuestra velocidad aeróbica máxima y aumenta nuestra capacidad de ir a esa velocidad el máximo tiempo posible. Esto podemos hacerlo mediante un entrenamiento fraccionado (series con descanso), de forma continua (ir elevando el ritmo) o con un fartlek (alternar ritmo alto y ritmo suave).

Estos entrenamientos provocan mucho estrés físico y mental, por lo que 1 o 2 sesiones por semana, dependiendo de los días que entrenemos, serán suficientes. Un entrenamiento a ritmo fácil el día siguiente nos ayuda a recuperarnos del entrenamiento duro y nos permite sumar kilómetros sin riesgo de lesiones.