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Todos sufrimos pequeñas lesiones que nos retiran de correr durante un corto periodo de tiempo, quizás un par de días o un par de semanas, y ya esto hace que nos creamos que va a ser interminable, se nos agria el carácter y nos influye en otros aspectos de nuestras vidas. ¿Pero qué pasaría si esta lesión se alargará a un año?

Con la ilusión de otras tantas carreras, te pones el dorsal y comienzas a correr sin saber que está te llevará a vivir casi una pesadilla. Un resbalón en la montaña por no llevar el calzado adecuado, unas zapatillas con poco agarre para un trail con terreno rocoso y tiempo muy lluvioso. 

Tras varios meses en los que correr se hace imposible y casi que la vida cotidiana también. Con diagnósticos médicos algo dudosos y con un dolor cada vez más insoportable, todo acaba en lo peor, una operación. Dos meses sin poder plantar la pierna, perdida severa de masa muscular y de forma física en general. 

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Pero todo principio tiene un fin y todo fin es solo una oportunidad de volver a comenzar. 

Cuando te dicen que puedes volver a trotar es como una explosión de júbilo en todo tu cuerpo. Con paciencia, con cabeza, pero quizás eso es lo que menos centrado este en ese momento. 

Sientes miedo por no saber qué sensaciones físicas se pueden presentar, frustración por todo lo que eras capaz de hacer y ahora cinco minutos es como la ultratrail más larga de tu vida. 

Pero empiezas, un pies delante de otro; no hay dolor, tu corazón comienza a acelerarse, tu respiración a descontrolarse, tu cuerpo vuelve a recordar todo aquello que tu creías haber perdido y en tu cabeza solo suenan dos palabras: TU PUEDES. 

Los primeros días andas más que corres, programas tus entrenos de forma progresiva, ritmo caco: 5x10, 10x10, 15x5... El cansancio, las sobrecarga muscular, la fatiga, son sólo factores que te hacen motivarte aún más si cabe.

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La adrenalina y la endorfina liberadas al correr se encargan de esa sensación de bienestar que te acompaña el resto del día. Los minutos los empiezas a medir en kilómetros, cada vez te alejas más del andar y te acercas más al correr.  

Y, un día, después de que la pesadilla empiece a ser un mero recuerdo, empiezas a volver a sentir que eres corredor.

El correr no es solo el colocarse el dorsal y ponerse en la línea de salida. El correr también implica un buen asesoramiento por una persona no solo experta en la tecnicidad o características de unas zapatillas, si no que además puede compartir sus vivencias y experiencias contigo, ya que, como tú, es corredor/a te ayudará a conocer y encontrar el calzado mas adecuado a tus objetivos marcados. 

Esta persona es la que puedes encontrar en tu tienda Decathlon.

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