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Organizar una ruta en la naturaleza con niños pequeños

ALGO QUE RECORDAR
02/03/2021
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NOTA: Como el ritmo del desarrollo motriz y madurativo de cada niño es totalmente único, preferimos dividir las diferentes fases por las que los peques van pasando sin identificarlas con una edad concreta, porque en realidad eso es lo de menos. Especialmente en bebés y niños muy pequeños podemos observar diferencias a la hora de alcanzar diferentes hitos a veces de hasta más de 6 meses, sin que eso sea síntoma de que hay ningún problema en su desarrollo.

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Las primeras salidas a la naturaleza con bebés para nosotros eran las más sencillas. Del fular semielástico, pasamos al mei thai, combinándolo con una bandolera y de esta, a una mochila todller ergonómica cuando el lechón ya superaba los 10 kg. Lo único que teníamos que tener en cuenta era ir haciendo paradas de vez en cuando respondiendo a las necesidades de hambre, sed, cambio de pañal y poco más. A Koke le encantaba ir ahí subido y a nosotros llevarlo. El traqueteo del movimiento le relajaba un montón. Combinaba ir observando el paisaje con alguna que otra siestecilla de vez en cuando. En esta primera etapa, organizar una ruta respondía más a nuestro aguante y forma física. Así que, aunque no hacíamos rutas de varios días seguidos, sí que pudimos seguir saliendo a patear.

Una vez que empezó a andar Koke, la cosa se fue complicando. Había que combinar ratos en la mochila porque todavía no aguantaba mucho caminando con ratos en los que pudiera explorar libremente. Para un niño de año y medio, cualquier pequeña hoja, hormiga, piedra, corteza de árbol o lo que sea, son objeto de exploración. Eso significa que las rutas que hacíamos combinaban tramos en los que podíamos avanzar en línea recta, con otros en los que explorábamos en círculo, lanzábamos piedras a un río o le acompañábamos en sus deseos de trepar por todo lo trepable.

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Poco a poco, pasó de dar pasitos balanceándose de un lado a otro a ir perfeccionando la técnica de la marcha hasta empezar a correr. Y aquí nos enfrentamos a la época más complicada para nosotros a la hora de organizar las salidas a la naturaleza. Por un lado, tenemos delante a un niño que es capaz de pasarse toda una tarde corriendo en el parque sin parar y sin embargo, el corto trayecto que recorríamos para llegar hasta allí en línea recta se hacía eterno. ¿Por qué pasa esto?

La respuesta está una vez más en el desarrollo madurativo de nuestro cerebro. Aunque físicamente, los niños tengan energía sin límites, la capacidad de seguir una ruta lineal se desarrolla en una fase posterior.  Caminar hacia un objetivo no siempre visible requiere constancia, proyección hacia el futuro y renunciar a la tentación continua de explorar todo lo que encontramos a nuestro alrededor. Algo que es la esencia del ser humano, especialmente en sus primeros años de vida. También en esta fase, la naturaleza es un espacio maravilloso y democrático que recibe con los brazos abiertos a personas de todas las edades, condiciones y etapas de desarrollo. Para poder seguir disfrutando en esta etapa, lo importante es la paciencia de los padres para no desesperarnos y el bajar las expectativas sobre las rutas lineales que podemos llegar a abarcar. Poco a poco, los pequeños irán aumentando su capacidad en este sentido.

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Algunos detalles a tener en cuenta

Para cuando va llegando ese momento, es interesante tener algunos detalles en cuenta para que la ruta sea un éxito:

  • Buscar rutas que no sean muy largas y aumentar la duración de las mismas poco a poco, en función de cómo se vaya desarrollando la actividad.
  • Organizar rutas que permitan observaciones y actividades variadas.  Cruzar un bosque, saltar un río, combinar subidas con zonas más planas es más entretenido para un niño que caminar mucho tiempo por un paisaje muy similar.
  • Será necesario dejar tiempo para la observación y la exploración libre, por lo que el avance será más lento del tiempo habitual estipulado para cubrir el camino.
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Trucos del almendruco

Aunque tengamos todo esto en cuenta no faltan las veces que los niños dicen: “hasta aquí hemos llegado, que ya no ando más”. Es entonces cuando después de un "descansito" toca sacar toda nuestra inventiva para terminar lo empezado, porque a veces, esto sucede cuando acabamos de empezar a andar.

  • Canciones, cuentos o historias de nuestra infancia. Esto a nosotros  nos ha funcionado en varias ocasiones. Darle la mano y caminando a su ritmo ir cantando canciones y hablando sobre cualquier cosa.
  • Juegos de movimiento. Convertir un palo en caballo y ser jinetes, mirar por un catalejo hecho con nuestras propias manos hacia donde vamos, incluso jugar al pilla pilla o al escondite en la dirección de avance, ayuda mucho. Nosotros también hemos usado en varias ocasiones el juego de la cuerda invisible como herramienta extra de apoyo. Estos son solo algunos ejemplos, pero seguro que se te ocurren muchos más.
  • La búsqueda del tesoro. Este sigue siendo a día de hoy uno de nuestros grandes aliados a la hora de organizar rutas. La aplicación geocaching se encarga de mostrarnos numerosos tesoros escondidos por todo el mundo con explicaciones sobre la dificultad de la ruta y pistas para poder encontrarlos. Solo hay que tener en cuenta que una vez encontrado el tesoro, hay que dejarlo en su sitio para que lo encuentren los siguientes buscadores.
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Y ya para terminar, tatúate como mantra eso de que "lo importante es disfrutar del camino", a lo que nos gusta añadir y “en buena compañía”. Párate el tiempo que haga falta a echar carreras de hojas barco en el río y deja lo de llegar a la cumbre para cuando sea otra vez posible. En breve verás como son tus hijos los que te llevan a ti con la lengua fuera y entonces, te gustará saber que aprendieron de tu ejemplo una de las máximas de las rutas en la naturaleza. Esa que dice que el ritmo del camino, lo marca siempre el que va más lento y atrás no se deja a nadie.

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