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Lugares sagrados que habitan en la Naturaleza

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La naturaleza es capaz de hacernos sentir en un segundo más pequeños que hormiguitas o más jóvenes que un bebé cuando nos comparamos con los paisajes tan increíbles que puede generar y lo que son capaces de hacer muchas de las criaturas que habitan este planeta. 


Ponerse delante de las cataratas de Iguazú entre Argentina y Brasil, cruzar entre los pliegues de la tierra en el cañón del Antílope, observar la profundidad de las dunas del desierto del Sáhara… Son lugares que sobrecogen, que nos dejan sin aliento y que nos hacen entender e incluso, llegar a compartir, los motivos por los que durante mucho tiempo e incluso en la actualidad hayan sido espacios venerados por los hombres como lugares sagrados.

 

Les atribuyamos propiedades sobrenaturales o no a lo que seguro que no podemos escapar es a esa cantidad de emociones fuertes que despiertan todos estos lugares.

Los bosques de kauris en Nueva Zelanda

Los kauris son la mayor especie de árbol de la isla de los maoríes en volumen, aunque no en altura (algunos superan los 50 metros de altura). Para los primeros pobladores de la isla los árboles eran sagrados por ser los guardianes protectores de todas las criaturas del bosque.  


Aunque el bosque de Waipoua no es el único en el que habitan los kauris, fue declarado como santuario nacional y es el hogar de muchos de ellos. Algunos de los ejemplares tienen incluso nombres propios como Tane Mahuta (el Señor del bosque y el más grande del país) y Te Matua Ngahere, (el padre del bosque). No son necesarias largas caminatas para poder disfrutar de ellos aunque sí es muy importante respetar las restricciones de protección de esta especie que es emblena nacional de Nueva Zelanda y que se encuentra en amenaza de extinción actualmente por una enfermedad degenerativa.

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El Río Ganges

Nace en las montañas del Himalaya y recorre unos 2.500 kilómetros hasta su desembocadura en el Golfo de Bengala donde forma el delta más grande del mundo. 


El Ganges, es uno de los lugares del mundo más sagrados para los seguidores de la religión hindú. Muchos de ellos consideran que bañarse en las aguas de la Diosa Ganga es una forma de purificar los pecados, además de ponerle fin al ciclo de reencarnaciones o samsara para alcanzar definitivamente el nirvana que se asemeja con la paz eterna. Desde la ciudad de Benarés se realizan muchas cremaciones alrededor de sus orillas y es a la que se dirigen como destino final de una peregrinación miles de personas. Se calcula que unos 32.000 cuerpos muertos son arrojados al río cada año, además de ser lugar de baño de animales. 


Sus niveles de toxicidad son altísimos y está considerado como uno de los ríos más contaminados del mundo aunque eso no parece ser un dato importante para los hindús que cada día llegan a los ghats, grandes escalones que hay delante del río, para participar en la ceremonia del Aarti. Este ritual de ofrendas y agradecimiento al Ganga esta cargado de tanta simbología que se escapa, en la mayoría de las ocasiones a la comprensión de los que llegamos de fuera.

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El Monte Fuji

Convertido en uno de los iconos más reconocibles del país del sol naciente, este volcán japonés tuvo su última erupción en 1708 aunque se le considera un volcán activo de bajo riesgo. La montaña, que es el punto más alto del país mide unos 3.776 metros de altura y se encuentra a unos 100 km de Tokio. Los visitantes que llegan hasta su cumbre lo hacen con motivos lúdicos pero también como peregrinación por el carácter sagrado que tiene la montaña en la religión sintoísta.

 

Es considerado una montaña sagrada desde el siglo VII y conocido como Monte Fuji o Fuji San (señor Fuji). La historia cuenta que un emperador dio la orden de destruir en su cumbre un elixir de inmortalidad y que actualmente se sigue consumiendo. Este es motivo del humo que a veces sale del cráter. También se cree que la montaña es el hogar de tres deidades a las que se han dedicado algunos santuarios en los alrededores de la cumbre.

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Volcán montaña Tindaya

Pero no hace falta viajar a lugares tan lejanos ni a culturas que nos son tan ajenas. En la isla de Fuerteventura, habita la montaña Tindaya. El extinto volcán fue un lugar sagrado para los aborígenes de la isla: los majoreros, al que atribuían propiedades mágicas. La montaña, cuya altura no supera los 400 metros destaca en medio del paisaje árido y llano que la rodea.


En la actualidad se están estudiando los podomorfos (grabados con forma de pie)  que han aparecido concentrados en una parte de la montaña para conocer su significado que todavía está rodeado de un halo de misterio. Se han encontrado también pinturas rupestres similares en Lanzarote orientadas hacia Tindaya, mostrando de alguna manera que la importancia de la montaña para los “majos” rebasó los límites de Fuerteventura.

 

Hasta la fecha se asocia los podomorfos con los astros y se cree que Tindaya podría haber sido un gran reloj astronómico en el que identificar los solsticios y las fases lunares. Además, de un lugar sagrado donde realizaban rituales mágicos.

El mundo está lleno de auténticos monumentos naturales que todos deberíamos considerar Sagrados en el más amplio sentido de la palabra. Nuestros antepasados fueron capaces de detectarlos y ahora nos toca a nosotros perpetuar esa sensibilidad para conseguir mantenerlos.

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