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El barbo es un ciprínido cuya alimentación puede ser muy diversa. Varía en función de la época del año y va desde pequeños invertebrados como insectos, gusanos, larvas... hasta pequeños peces o anfibios

También se alimenta de materia vegetal, por lo cual no es un pez con un carácter depredador tan marcado como por ejemplo el lucio o el black bass, no obstante en determinados momentos o épocas su voracidad puede hacer que sus capturas pescando con señuelos no sean meramente accidentales, e incluso que podamos planificar jornadas en las que sean nuestro principal objetivo.

En la península ibérica hay varias subespecies de barbos con diferentes peculiaridades pero principalmente van a ser 4 las que nos brinden más oportunidades: el barbo común, el barbo comizo, el barbo cabecicorto y el barbo gitano. El barbo común habita principalmente en las cuencas del Duero y Tajo, el comizo y el cabecicorto Tajo y Guadiana y el gitano Guadiana, Guadalquivir y prácticamente todos los ríos de Andalucía.

Entrando en aspectos técnicos de su pesca, el barbo es un pez cuya boca es más bien pequeña en relación con el cuerpo, aunque en el caso del barbo comizo, su boca es bastante más grande que en las otras subespecies. Este hecho nos va a obligar a reducir el tamaño de nuestros señuelos pues, si bien es cierto que podemos pescar perfectamente un barbo con swimbaits de 60 gramos y 20 cm o pikies de 6 pulgadas, no va a ser lo más corriente.

Podemos capturar a los barbos en diferentes capas de agua. En primavera y verano pueden subir perfectamente a superficie y podemos probar paseantes como el Murray, popers como el Buller (ambos de Caperlan) o hélices si la superficie del agua está un poco más rizada. Un buen barbo puede entrar perfectamente a un murray de 10 cm, aunque con este tamaño tendremos muchas más picadas fallidas, así que las medidas de 6 y 8 cm serán más adecuadas.

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Los jerkbaits como el Quizer o el Glenroy son probablemente uno de los mejores señuelos, cuando los barbos están próximos a la superficie. En ocasiones las recogidas continuas y lineales nos darán resultados, aunque otras veces alternar jerks y paradas como si estuviéramos pescando bases o lucios puede ser una mejor opción.

Cuando están un poco más profundos, crankbaits como el Dobson y lipless como el Kowai también dan muy buenos resultados. La cadencia de recogida dependerá de la agresividad de los peces pero por lo general suelen atacar muy bien a señuelos de pequeño tamaño que se desplazan en línea recta.

Por último, cuando las aguas empiezan a calentarse de verdad y a estratificarse, podemos localizar numerosos grupos de barbos, si tenemos una sonda, persiguiendo a los alburnos a distintas profundidades. 

Hoy en día la mayoría de nuestros embalses tienen alburnos y en muchos de ellos el comportamiento de los barbos ha cambiado, al tener una gran fuente de proteínas que antes no tenían, la cual en muchos casos es prácticamente ilimitada. En este caso trabajar con pikies como el Iwaki o el Natori, o cucharas ondulantes como las Kea en sus diferentes gramajes y tamaños serán una acertada elección.