101 Km en el Mont Blanc

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Hoy os voy a hablar de mi experiencia en una de las carreras más famosas, más prestigiosas y más ambiciosas que creo existen en el mundo: CCC de la UTMB que se desarrolla en el Mont Blanc .

Llamada también la “hermanita de la UTMB”, es una carrera única en su género y como he dicho antes una de las más prestigiosas al mundo.

Carrera que comparte en gran parte la Gran Caminata de la Vuelta del Mont Blanc (GRTMB), incluyendo tramos en altitud (>2500m), en condiciones climáticas que pueden ser muy difíciles (noche, lluvia, viento o nieve) y que requiere un perfecto entrenamiento, así como material adaptado y una capacidad de autonomía personal. Todo esto en 101km con 6000m+ y atravesando 3 países: Italia, Suiza y Francia.

Pensar que para poder participar a la carrera cada corredor tiene que pasar por un sorteo, pero no antes de certificar de haber hecho carreras puntuables en los dos años posteriores: no todo el mundo puede tener la suerte de poder correr.

El hecho de poder participar y pisar aquel terreno y respirar  aquel ambiente, creo que te hace ganador. Porque, yo así me sentí: ganadora de ser parte esta gran ocasión.

La salida fue a  las 9:00 de la mañana desde el pueblo de Courmayeur. Fue impresionante, me notaba con una sensación de extraña tranquilidad y paz, aunque sabía lo que iba a encontrar: horas y horas paseando por aquellas tierras, sola conmigo misma, mi cuerpo y mi cabeza aunque rodeada de mil personas.

Courmayeur- Refugio Bertone (15km 1450m+ 500m-)

Los primeros kms me llevaron hacia una de las cimas más alta (Tete de la tronche) en solo 11km ya teníamos 1450m+ en las piernas, acompañada de mil personas empecé a escalar hacia arriba con buenas sensaciones pero siempre dejándome a medio gas pensando: “¡Giulia, eso acaba de empezar!”. 

Llegando arriba noté que subía muy bien y cada kms que pasaba me encontraba más cómoda, así que gas hacia abajo hacia al refugio y remontando posiciones. Un poco de agua, un momento para disfrutar de las vistas y  adelante.

Refugio Bertone- Arnouvaz (12km )

Tramo bastante “corrible” y llano, aquí noté que los corredores ya se iban espaciando unos de otros y por mi parte empezó una mini competición con una compañera de fatiga, donde nos íbamos adelantando la una a la otra. Eso hasta llegar al siguiente control, una carpa en medio de mucho verde con gente de todos los países animándote y llamándote por el nombre. Bien, ya tenía 27km en las piernas, la climatología iba aguantando y yo cada vez  me encontraba mejor. Así, decidí salir sin mucha pausa desde el control con la cabeza enfocada hacia la pequeña vertical que me esperaba. Ya sabía que en el próximo control me esperaba mi familia, y las  ganas de llegar me hicieron salir como un cohete.

Arnouvaz – La Fouly (14km)

Después de una subida de aproximadamente  4km con un 700m+  para coronar el Grand col Ferret, decidí aprovechar la bajada, siempre jugando a adelantar la misma compañera de fatiga, y así dirigirme hacia el control donde estaba mi familia esperándome.

En este punto, tenía ya 42km en las piernas, una maratón pensé, y hasta allí fresca como una rosa:  tanto que llegué al control; bebí y me refresque un poco para tirar hacia adelante, donde me esperaba el próximo control de tan “sólo” 14km y donde estaba esperándome mi supporter para hacerme descansar 10 minutos.

La Fouly – Champex-Lac (14km)

A esta altura de la carrera, los corredores estaban más distanciados y no resultaba tan fácil estar entre un grupillo de gente para seguir adelante.  Seguía sola con mi carrera, con mi música, mi cuerpo y mi cabeza hasta que se añadió otra compañera más al viaje: ¡el calor!. Eran casi las 17:00 horas y el sol  apretaba  más de la cuenta, en cada punto de agua me mojaba la cabeza y me hidrataba con cuidado. Fueron 14km de infierno, sí, en bajada, pero con mucha calor y sin árboles o bosques que podrían darte un poco de alivio.  Llegué  al control acalorada y con mucha ganas de algo fresco y líquido. 

Estaba mi supporter esperándome con todo preparado (comida, botellines lleno, crema por las piernas y eventual muda de ropa). Por fin me senté 10 minutos a descansar y disfrutar de una buena sopa de pasta (salada +  líquida + carbohidratos): el cuerpo estaba pidiendo energía, líquidos  y sobretodo sal y cambio desde los sabores dulces de las barritas de frutas que había comido hasta allí.

subiendo-el-mont-blanc

Champex-Lac – Trient (17km)

A los 10 minutos de reloj, salgo de la carpa y vuelvo a mi viaje, mi aventura. Recuerdo de haber dicho a mi familia:”Nos vemos de aquí a 17km”; eso era así porque en mi cabeza iba partiendo la carrera en partes como si fueran carreras individuales; un poco para engañarme a mi misma y un poco porque así parecen pesar menos los kilómetros.

Fue un tramo duro, empezaba a caer el sol y con él la visibilidad, añadiendo a ellos el cansancio de casi 72km. Había una pequeña subida pero nada de preocupante, tanto que en la bajada hacia Trinent volví a coger buenas sensaciones para llegar al control con una buena cara y buenas piernas. 

Allí fue cuando me dijeron en qué posición estaba: ¡10ª general! No me lo creía, un top10 en la CCC, pensé: “¡imposible!”.

En el control, la posición se me confirmó y entonces pillé con más ganas la carrera, aunque ya empezaba a notar las primeras molestias digestivas: me costaba comer sólido y mi cuerpo pedía solo líquido, líquido y liquido.

Trient – Vallorcine (11km)

Ya casi con plena oscuridad  salí del control y pensé: “Bien Giulia, te quedan 2 carreras de 11km y una de 8km. ¿Cuántas veces has hecho carreras así? ¡Muchas!”.  Me convencí y me auto-engañaba que faltaba muy poco. 

Coronando la cima de Catogne, sabía que me esperaba el último control donde podía ver mis supporter y mi familia y que ya casi era meta. Abrí la luz del frontal y seguí bajando hacia ellos. Llegando a Vallorcine ya en 8ª posición.

Vallorcine – Chamonix (19km)

Aquí empezó la verdadera carrera para mí: entrando en el control ya con muchas nauseas y sin poder tomar ni solido ni líquido. Ocupados en ponerme crema en las piernas, mis supporters no se fijaron en el detalle de las náuseas, los cuales disimulé bien con las prisas de salir del control y con las excusas que faltaban pocos kms y meta.

¡Saliendo del control ya en oscura, empezó mi odisea!

No podía trotar, tenía que caminar y caminar con nauseas fuertes y sin posibilidad de dejar entrar algo de comida en mi cuerpo, tenía que asumir que así no podía seguir y que en alguna manera tenía que resolver este pequeño detalle de las náuseas.

Así  que decidí sacar lo que tenía en el estómago, y poder seguir adelante tirando solo de cabeza porque ya el cuerpo estaba en reserva. Por pocos kms pude seguir el ritmo, hasta que las náuseas volvieron a aparecer junto con la última subida de 700m+ en 7km.

Tengo recuerdos como si fuera un sueño, luchando con las pocas fuerzas que tenía en cuerpo y con las muchas que tenía en la cabeza y literalmente arrastrándome hacia arriba. El poder aceptar que mi cuerpo no daba para más, mientras mis compañeros de fatiga me pasaban al lado uno detrás de otro fue una de las cosas más duras de aquel día. 

Pero estaba allí, a 8km de meta de una carrera como la CCC, y no existía la posibilidad de decir: aquí lo dejo. ¡No existía!

La llegada no fue tan espectacular como me la podía esperar, puede que por mi estado físico y anímico. Pero os puedo asegurar que cuando crucé aquella meta la única cosa que fuí capaz de hacer fue una, llorar. Llorar por todas las emociones juntas  y, porque todavía no me hacía a la idea de ser finisher en la CCC 2016.

Aprendí que en la vida como en esta carrera,  la cabeza y las ganas y la pasión te pueden llevar hacia donde tú quieras y que tú eres más fuerte de lo que piensas. 

Estar 17 horas cara a cara contigo mismo, te hace valorar muchas cosas del día día: aprendí que hay muchas cosas que sobran y que a veces no damos más importancia a los valores más básicos y que nos hacen feliz como: la familia, los amigos y los momentos vividos.

La CCC fue por mi 1000 emociones: fraternidad, compañerismo, superación personal, valores de la familia y de los amigos, simplicidad. Con ella me llevo el hecho de haber probado emociones, tan distintas entre ellas, que se pueden probar a lo largo de toda una vida en solos pocas horas.

Quiero comparar la CCC a un Carrusel: un momento estás en la gloria eterna y pocas horas después puedes encontrarte en el infierno más absoluto, y así siguiendo 3 veces más, porque sí, como alguien dijo: en una ultra se muere 3 veces y vuelves a nacer 3 veces más. 

¡Carreras así te marcan, te cambian, te hacen crecer, madurar y cada vez te hacen más fuertes de lo que crees que eres!


Contenido elaborado junto a apasionados del trail de Decathlon.

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