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Camino de Santiago: los cuidados del pie

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Si estás pensando en hacer el camino de Santiago o cualquier viaje que te suponga caminar muchos kilómetros durante varios días consecutivos, has llegado al sitio correcto. Lo más importante para que podamos disfrutar de nuestras caminatas en plena naturaleza es que nuestros pies se conserven en perfecto estado, para ello te propongo unos cuantos consejos que te ayudarán a conseguirlo.

Elegir el calzado

Es una de las primeras cosas que debes contemplar antes de comenzar tu viaje. ¡Ni se te ocurra estrenar calzado! Lo ideal es que vayas amoldándolo a tu pie progresivamente durante al menos dos o tres meses antes.

A la hora de probártelo, asegúrate que cuentas con el calcetín con el que lo utilizarás, ya que los calcetines de senderismo suelen ser de mayor grosor y tienes que tener en cuenta que tus pies ocuparán más espacio dentro del calzado. Es aconsejable que cuando inclines el pie hacia adelante, tus dedos no rocen en ningún momento el interior de la puntera, ya que dañarías tus uñas durante las bajadas. Lo ideal es que sobre un dedo aproximadamente entre la punta de tus pies y el calzado, lo suficiente para que no roce pero que tampoco notes holgura, ya que también sería perjudicial y podrían aparecer esas temidas rozaduras.

Para elegir un buen calzado, tienes que pensar primero si utilizarás bota o zapato de caña baja. Si llevas mucho peso en la mochila o el terreno por el que caminarás es irregular, te aconsejo que te decidas por la caña alta; protege mucho más el tobillo y te aporta estabilidad al caminar. En mi caso, utilizo la bota Trek 100, totalmente impermeable y disponible tanto para mujer como para hombre. Es una bota que resulta cómoda a la vez que flexible a pesar de aportar una gran sensación de estabilidad.

Si en tu caso no te acostumbras a la sensación de la bota, también puedes utilizar calzado de caña baja. Lo importante es que cuente con una buena amortiguación, que agarre bien en los terrenos más complejos y que se adapte bien al pie sin dañarlo. En cuanto a calzado bajo, a mí me ha enamorado el modelo MH500, también impermeable y con todos los requisitos necesarios para disfrutar de tus caminatas.

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El calcetín

El primer contacto que tiene nuestro pie es tan importante como el calzado, por ello escoger un buen calcetín nos puede ayudar a prevenir futuras molestias. Debe adaptarse a tu pie sin formar ningún tipo de arruga, para evitar roces innecesarios. Lo más importante es que sea transpirable para que nuestro pie se humedezca lo menos posible. 

Es aconsejable también que refuerce aquellas zonas en las que tenemos mayor fricción con el calzado, como es el caso de tobillos, talones y punteras. En mi caso, después de haber probado muchos modelos distintos, me decanto por los calcetines de senderismo MH900. La lana merina limita los olores durante un uso prolongado y la planta del pie reforzada ofrece una sensación acolchada bastante agradable.

Cuidados antes de caminar

Es imprescindible que tengas las uñas bien cuidadas, para evitar que se encarnen o te hagan daño a cualquier otro dedo. Cuando vayas a comenzar a caminar, antes de colocarte el calcetín resulta muy útil proteger tus pies con algún tipo de vaselina que limite el roce de la piel. 

Puedes utilizar vaselina común o bien algún tipo de crema específica, como es el caso de la crema antifricción de Aptonia que resiste al sudor y forma una película protectora bastante eficaz. Debes untar bien todo el pie, desde el interior de los dedos hasta la planta del pie y tobillo. En general, toda la parte que cubras con el calcetín debería estar protegida también con crema.

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Qué hacer si comienzan las molestias

Si ya has comenzado a sentir algún tipo de molestia o rojez en el pie, te recomiendo que cubras la zona con algún apósito o venda que limite el roce. Sin embargo, si ya se ha formado ampolla... ¡ni se te ocurra cubrirla con algún apósito adhesivo! A la hora de retirarlo podrías arrancar la piel y formar una herida abierta. 

Para eliminar el líquido y favorecer la cicatrización, lo ideal es que atravieses la ampolla con hilo y una aguja esterilizada, como si la fueras a coser, creando dos puntos de salida del hilo. Si no tienes alcohol, puedes esterilizar la aguja quemando la punta con un mechero. Cuando la hayas atravesado, conserva el hilo dentro de la herida para que el líquido pueda seguir drenando y no se vuelva a obstruir. 

Para acelerar la cicatrización y evitar que se infecte, puedes aplicar en el hilo y la herida povidona yodada, lo cual te ayudará a que sane de una forma mucho más eficaz. Cuando camines, cubre con gasa la zona y protégela para evitar que el hilo se salga.

Cuidando estos pequeños detalles, te resultará más sencillo mantener tus pies libres de molestias.  ¿Te animas a ponerlos en práctica?

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