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Tocando el techo de Ordesa. 12 TRESMILES, 4 DIAS.

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Hola trekers! Empiezo mi andadura en la comunidad compartiendo con vosotros una de mis últimas escapadas a la montaña, un trekking de cuatro días recorriendo gran parte de los tresmiles del Parque Nacional de Ordesa y Monte perdido, en el pirineo central de la provincia de Huesca.

No era la primera vez que andábamos por el Valle de Ordesa, años atrás tuvimos la oportunidad de coronar Monte Perdido, nuestro primer tresmil, y quedamos tan impresionados con el entorno, que prácticamente año tras año hemos vuelto a disfrutar de rutas nocturnas, acampadas u otros de sus imponentes tresmiles.

Ya conociendo la mayoría del valle, durante el último viaje, pensamos en la idea de poder enlazar diferentes cimas para poder hacer un trekking de varios días que nos permitiera cruzar todo el valle coronando todos los tresmiles posibles. Así que planificamos la ruta, y el año siguiente ahí estábamos, en el parking de Torla, dispuestos a empezar una de nuestras mejores experiencias en la montaña.

Dejamos la furgoneta y empezamos a caminar, pensando que nos esperan cuatro días muy duros de autosuficiencia pero también muy emocionantes, y prácticamente sin darnos cuenta, ya estábamos en pleno valle a los pies de la impresionante cascada de Cola de Caballo y muy cerquita de nuestra primera parada en el refugio de Góriz.

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Despues de una breve parada, mentalizados retomamos la andadura en dirección al primer tresmil, la Punta de las Olas (3.022m), donde hacemos cima después de una subida pedregosa y una trepada sencilla. Desde ahí se podían divisar, a la derecha, el Baudrimont SE (3.026m) y el Mallo Tomosa (3.049m), a la izquierda, el Soum de Ramond (3.257m), más conocido como Añisclo y en medio, la pequeña explanada donde montaríamos las tiendas para pasar nuestra primera noche. Antes de acampar, aprovechamos para coronar el Baudrimont SE, una cresta expuesta para subir con buenas condiciones climáticas. Habíamos leído que todavía quedaba mucha nieve, pero nunca imaginamos que nos encontraríamos tanta.

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Al día siguiente nos levantamos temprano con la intención de aprovechar el día y tener tiempo por cualquier imprevisto que nos pudiera pasar, y nada más lejos de la realidad, una niebla densa que no permitía la visibilidad nos negaba la ascensión al Añisclo, aunque una hora y media después, el aire nos quitaba dicha niebla para que pudiéramos comenzar nuestro ascenso. Recogemos nuestras cosas, nos equipamos con piolet, crampones y polainas, dejamos las mochilas y empezamos a subir hasta llegar arriba. Se nos hace relativamente sencilla la subida porque estamos frescos y en la bajada, dos de nosotros aprovechamos para acercarnos a coronar el Mallo Tomosa, una cresta parecida a la del Baudrimont SE, pero aun más expuesta y con piedra suelta, aunque sin nada de nieve. Una vez abajo, nos reunimos con nuestros compañeros, cogemos las mochilas y empezamos a ascender la cara norte de Monte Perdido (3.355m), toda prácticamente en condiciones invernal hasta llegar a la cima.

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En nuestra hoja de ruta nos quedaba bajar por la pedrera, llegar al lago helado, subir al Cilindro de Marboré y bajar por la otra cara hasta donde pasaríamos la segunda noche, pero nada más lejos de la realidad. Al llegar al lago helado, el tiempo cambiante de la alta montaña nos regaló 20 minutos de lluvia fuerte y una buena granizada junto con un banco de niebla que dejaba la subida al cilindro de Marboré en malas condiciones para poderla realizar. Sin muchas alternativas, con mapa en mano y decididos a cambiar de ruta, descendemos un poco en altura, y vamos en busca de la faja roya, que posteriormente encontraríamos y nos conduciría al sitio donde pasaríamos la segunda noche, a los pies del Cilindro y el Marboré. No confiábamos mucho en el tiempo del próximo día, pero aun así, nos pusimos pronto la alarma para poder hacer la ascensión del cilindro y bajar por el mismo camino si fuese posible, ya que era una de las cumbres que más nos motivaban. En efecto, así fue, así que dejamos las mochilas, y en un par de horas ahí estábamos, contemplando las vistas de todo el pirineo desde el Cilindro de Marboré (3.328m).

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Descendemos muy contentos, recuperamos nuestras mochilas y nos preparamos para la ascensión al  Pico Marboré (3.248m). Conscientes de que nos encontrábamos ante la jornada más dura, empezamos a perder altura ligeramente para dirigirnos hacia los 3 picos de la cascada, Pico Oriental (3.161m), Pico Central (3.108m) y Pico Occidental (3.098m), que coronamos con facilidad, aunque la dificultad más bien residía en poder identificarlos, ya que no estaban muy bien señalizados. Prácticamente sin darnos cuenta, estábamos en la Espalda de Marboré (3.073m). *Decir que estos picos están muy juntitos*. Ya con las piernas bastante cansadas de los dos primeros días y de la dureza de las subidas de los dos primeros picos, nos refugiamos en la idea de “solo nos quedan dos” o “ya queda poco”, pero para nuestra sorpresa, el recorrido nos marca una bajada muy pronunciada y bastante expuesta que teníamos que destrepar, y entre el vértigo de alguno de nosotros, el cansancio, y el volumen de nuestras mochilas, se antojaba complicado. Después de valorar que no era del todo seguro, decidimos tomar otro camino que nos llevaría hasta donde habíamos dormido, para poder toda la altura que nos suponía el destrepe y ya caminar hacia la Torre de Marboré (3.012m).

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Muy cansados, logramos coronar la torre sin mucha dificultad y comenzamos nuestra última bajada hacia la pequeña explanada donde dormiríamos la última noche. A la mañana siguiente, recogemos nuestras cosas y ponemos rumbo hacia nuestro último objetivo, la Faja de las Flores y la Fajeta que nos llevarían de vuelta al inicio de la ruta, el parking de Ordesa. El primer hándicap que encontramos fue un día nublado con mucha lluvia que nos hizo perdernos ligeramente y nos costara un poco más de lo esperado encontrar la faja, aunque por el contrario, tuvimos suerte porque durante todo el recorrido de esta no llovió, cosa que nos facilitó el camino, ya que no es una senda muy técnica, pero sí muy expuesta como para dar un resbalón. Al acabar nos encontramos la fajeta, un punto en el que hay que destrepar y con las mochilas se hace un poco más lento pero no es peligroso. Al finalizar este tramo, ya vemos paneles indicativos sobre postes de madera que nos indican la llegada al parking. Para terminar esta aventura, el tiempo nos pone las cosas un poco difíciles y nos cae el diluvio universal durante la última hora de camino, que pese a estar ya inmersos en bosque, los senderos eran bajantes de agua que no dejaban verte ni siquiera los pies. Al poco tiempo, nos encontramos ya con la carretera de asfalto, y a unos cincuenta metros, el parking donde terminaba nuestra gran aventura en el valle de Ordesa, algo que recordaremos para siempre!

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Comentarios

Gracias por hacernos disfrutar durante unos minutos de esa aventura y hacernos participes de como disfrutar de la montaña y del trekking...un abrazo enorme!!

Bravo Víctor!!!! Nos has trasladado con tus palabras a esos lugares tan maravillosos. Enhorabuena por el post

Víctor DE LA FUENTE avatar

Muchas gracias Raquel!! ☺️

¡Qué bonito tu post para los que amamos la montaña! Este verano tuve el placer de disfrutar el Pirineo aragones. Ordesa y Monte perdido es un regalo de la naturaleza. Entre mis aventuras no faltaron noche en refugio góriz, faja las flores y sus clavijas y paseo por cola caballo. También algún tresmil, Refugio del Bajaruelo - Puerto del Bajaruelo - Brecha de Rolando-Taillon (3.144m). Esta singular ruta nos hace viajar entre países, cruzando frontera entre Francia y España, fronteras delimitadas por las propias montañas del Pirineo. Ruta preciosa que pasa por praderas, colinas, arroyos, glaciares o la Brecha. Sin duda un desafío obligatorio. Gracias por tu post.

Víctor DE LA FUENTE avatar

Muchas gracias por el comentario M° jose! Como bien dices, el parque natural de Ordesa és un regalo para los que amamos la montaña. Por lo que cuentas y los sitios que nombras, tu ruta tambien tuvo que ser de lo mas interesante. Si te has enamorado de este lugar igual que yo, dedicar una jornada a hacer el descenso del cañon de Añisclo tambien és una pasada.


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