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Conversaciones con Iyengar

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¿Cuál es la disciplina general a la que debería atenerse un practicante de yoga?

Del libro " La esencia del yoga" volumen VI

Le preguntan al maestro B.K.S. Iyengar:

¿Cuál es la disciplina general a la que debería atenerse un practicante de yoga? y el maestro contesta:

El cuerpo es el templo del alma. Por eso, así como nos gusta tener nuestra casa limpia y ordenada para poder vivir tranquilos en ella, todo alumno debería entender que el cuerpo es la morada de la mente y el alma y que, por consiguiente, debería estar siempre en orden.

Si el cuerpo sufre cualquier aflicción, la mente y la consciencia también se afligen. Además, para un intelecto medio, el cuerpo es la parte basta del alma; de ahí que el sadhana yóguico (esfuerzo hacia una meta) empiece por el cuerpo, a fin de que la persona conozca y asimile completamente la parte conocida antes de intentar la desconocida. El yoga nos ayuda a conocer bien lo desconocido. Luego, una vez que conocemos bien lo conocido, naturalmente aflora lo desconocido y cuando aflora, lo conocido "lo finito" se funde con los desconocido "lo infinito". Entonces se hacen uno, se funden y ambos pierden sus respectivas identidades.

Esta es la razón por lo que el yoga empieza por cultivar el cuerpo y después, cultivas la inteligencia para que nos aproximemos al SI-MISMOS y este y la inteligencia se unan como una simple unidad de identificación. Eso, entonces, es Kaivalya, la emancipación del Si-mismos.

Me ha planteado una pregunta de las mas pertinentes, que atañe a un área muy extensa de lo que significa la práctica yóguica. Debemos empezar nuestra práctica por el primer peldaño de la escalera del yoga. Muchas veces se tiene la idea de que el yoga es puramente físico, pero debéis entender que el yoga es una disciplina físico-fisiológica, físico-psicológica y psicoespiritual; una ciencia que libera a la mente de la atadura del cuerpo y la conduce hacia el alma.

Con frecuencia he dicho que, si un pájaro está encerrado en una jaula, no puede moverse, pero en cuanto la puerta de la jaula se abre, el pájaro vuela en libertad. Eso mismo le ocurre a la mente cuando se la libera de su reclusión, vive para siempre en paz y beatitud.

Si he insistido tantas veces en eso es porque, cuando practicamos yoga, no siempre somos conscientes de cuál es la meta. El practicante tiende a tomar un camino equivocado. Mirad, los alumnos tienen la gran responsabilidad de ser siempre practicantes de yoga auténticos; han de adquirir experiencia a base de práctica continua, indagar en sí mismos, evaluar constantemente su evolución en cuanto a excelencia y visión interior. Para ser un Sadhaka (practicante) entregado, tenemos que analizar, comprender y poner en práctica lo que hemos comprendido.

Así como usamos una aguja para sacar una espina que se nos ha clavado, el sadhaka debería usar su inteligencia a modo de aguja para erradicar de su mente las malas hierbas. El practicante debería estar alerta, atento, trabajar con dedicación y devoción y desarrollar los medios de aplicación apropiados para penetrar y desvelar el conociminto oculto del yoga.   

A veces, de forma errónea y por desconocimiento, asociamos el yoga a un deporte o gimnasia de estiramientos, pasando por alto que esta antigua disciplina es una milenaria ciencia de indagación en el propio Ser.

El primer paso del practicante es cultivar el cuerpo

Como bien ha explicado el maestro Iyengar, para llegar al conocimiento de nosotros mismos, para ser capaces de dejar a un lado nuestro basto cuerpo y escuchar la voz del alma, aunque parezca contradictorio, pasa por trabajar primeramente nuestro cuerpo físico, ese templo al que el maestro hace referencia, ese cuerpo al que después debemos dejar ir para poder sentir lo desconocido, lo infinito. Tal viaje comienza por colocarnos encima de nuestra Mat (esterilla) y permitir que el cuerpo se exprese y, silenciando la conciencia, despierte al alma.

Para que se genere esa conexión con el cuerpo, debemos tener en cuenta la importancia de una buena esterilla, aquella que nos permita sentirnos cómodos, sin que deslice ni desestabilice el movimiento de las asanas (posturas) durante nuestra práctica. La esterilla debe ser antideslizante y a ser posible, con un grosor de entre 5 y 6 mm, ya que menos puede molestarnos las rodillas (sobre todo si existe una patología previa) y mas de 8mm, podría desestabilizarnos en las posturas de equilibrio, aunque la última palabra la tiene siempre el prácticante, adecuando a su práctica aquella con la que se sienta más cómodo. La Mat es la principal herramienta del yogui, ambos forman una unidad por eso se debe elegir correctamente.

En Decathlon tenemos varios modelos de esterillas que pueden adaptarse a la práctica que realizas. Esterillas mas finas para los yogas más dinámicos (Ashtanga, vinyasa, power...) y otras un poco mas gruesas para los estilos mas suaves (hatha, yin yoga...)

Te recomiendo la esterilla MAT YOGA CLUB CORAL (ID 8576009) ya que con sus 5mm, resulta muy versátil para cualquier práctica, sobre todo como principiante.

Deseo que esta visión del yoga del maestro B.K.S. Iyengar y que comparto y practico plenamente, consiga que a partir de ahora, sientas de una manera distinta tu próxima práctica.

Con cariño, Susana Rojas Sánchez

NAMASTE


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